Páginas vistas en total

miércoles, 6 de junio de 2012

Sobre la moción de censura al Ministro Bonomi. Gonzalo Perera





  1. Es notorio que guardo respeto hacia toda persona, así piense diametralmente opuesto a mí. En el caso de diputado José Carlos Cardoso, ese respeto genérico se carga de recuerdos afectuosos. En mi pueblo natal, Rocha, José Carlos era un estudiante de magisterio sumamente humilde a quien mi padre ayudaba en sus estudios, dándole clases de Matemática. Es sin duda una persona que se ha hecho desde abajo y en base a romperse el lomo trabajando y eso, en el Partido que sea, me merece mucho respeto. Como integrante del Secretariado Ejecutivo de ADUR (gremio de docentes universitarios), me tocó en su momento escribirle un mail diputado Cardoso solicitándole una entrevista para plantearle la posición de nuestro gremio frente a un tema de nuestra directa incumbencia que estaba a consideración parlamentaria. No recuerdo exactamente el tema, pero sí recuerdo su respuesta cariñosa y fundamentalmente su expresión de gratitud hacia mi viejo, a quien le hizo llegar todo su afecto y le señaló que no olvidaba que mi padre le había obsequiado los libros para estudiar, que él no podía pagarse. Fue muy lindo para mi papá leer ese mensaje de José Carlos, lo hizo feliz saber que aquel muchacho de túnica blanca, hoy diputado, lo recordaba con cariño y gratitud. Y ese gesto del diputado Cardoso, independientemente de cualquier diferencia de opinión que con él pueda tener, que naturalmente las tengo, fue un gesto de hombre de bien. Y esas cosas hay que decirlas sin vueltas ni ambigüedades.


  1. El ministro Bonomi,  desde la cartera de Interior, a mi modesto juicio, cometió algunos errores. No me gusta andar con vueltas y anoto tres: a) Los famosos “megaoperativos” u “operativos de saturación” que para muchos de nosotros se parecían muy peligrosamente a las viejas y detestadas “razzias” y cuya efectividad fue, en algunos casos, prácticamente nula. b) Permitir el alejamiento- en medio de una polémica- de un profesional de la talla de Rafael Paternain, quien brindaba una alta confiabilidad a los guarismos sobre criminalidad, su análisis y tendencias. c) Quizás ligado a b), comprometer algunas metas ante el Parlamento, que  parecían un genuino acto de optimismo.

  1. Del mismo modo, el ministro Bonomi es notorio que se rompe el alma en el ejercicio de su cargo. Errará, no caerá simpático, se podrá decir lo que se quiera de él, mas no se puede negar que es un ministro de dedicación ultra-full-time.

  1. El ministro Bonomi no generó ni alentó las situaciones de inseguridad que nos afectan a los ciudadanos. La generaron los 45 años que van del 1960 al 2005 en que, crisis económica, social y cultural, el tejido solidario de la sociedad uruguaya se hizo trizas, dejando regueras de marginación y exclusión, con la consecuente incursión en la delincuencia como manera de sobrevivir de muchos que están o se sienten dejados de lado por todos los demás. Esa delincuencia a menudo brutal y salvaje, es fruto de décadas de destrucción social y no se revertirá sino en décadas de políticas de integración social y combate de las desigualdades y exclusiones. El ministro Bonomi no puede solucionar este problema, pero sí puede y debe atenuarlo, disminuirlo, mediante el uso de las fuerzas que el Estado dispone para custodia de la seguridad publica. Y el más afectado por la criminalidad no es el gran millonario que puede poner doscientas alarmas a su alrededor, es el trabajador humilde, que anda en la calle, camina o toma el bus y tiene una modesta vivienda. Por lo cual no se puede ni se debe confundir la acción de velar por la seguridad pública con ser de derecha o fascistoide. No hay que confundir chancho con bicicleta. Proteger el derecho a la integridad del trabajador y de su familia, es algo que debe hacer la izquierda, a quien por ende no debe temblarle la mano si debe recurrir a aumentar medidas de vigilancia o represión del delito que sean eficaces y respetuosas del Estado de Derecho.

  1. El Director Nacional de Policía, Julio Guarteche revelaba un tiempo atrás en una entrevista una media de 5 mil casos/año de corrupción policial. Es una tasa preocupante. La corrupción es propia a la especie humana. Pero el contacto cercano al delito, al dinero que el mismo mueve, el stress y bajo salario que muchas veces percibe el funcionario policial, lo expone de manera muy singular a la tentación. Y es así que si bien, como en toda profesión, hay de los unos y de los otros, la institución policial, además de carencias de efectivos, de recursos de equipamiento y entrenamiento o de remuneración, se ve muy debilitada por los policías que son cooptados por la delincuencia organizada.  Con ese cuadro de situación debe lidiar el Ministro Bonomi, y se están tomando medidas para aumentar efectivos, entrenarlos mejor, equiparlos mejor, ha ido aumentando su remuneración gradual pero persistentemente. Habrá cometido errores el Ministro Bonomi, pero… ¿Quién es el fenómeno que mejoraría el panorama en unos meses? O dicho de otro modo: ¿Hay muchas variantes distintas a las ensayadas por Bonomi para tratar de enfrentar la situación con los insumos con los que cuenta? Mi más honesta opinión es: NO. Todo puede ser un poco mejor o un poco peor, pero en el problema de la seguridad, que es sin duda preocupante, no veo ninguna solución mágica ni al Mandrake que la pueda aportar. Por cierto el recurrir a las Fuerzas Armadas (no entrenadas para esta misión) o a la creación de una Guardia Nacional (del estilo de la Gendarmería Argentina) como han sugerido algunos dirigentes blancos, difícilmente cambie de raíz la situación: puede subsanar parcialmente la escasez de efectivos, pero puede generar que el fenómeno de corrupción antes referido se instale en los efectivos militares y que en definitiva ese aumento cuantitativo no devenga mejora cualitativa. Para muestra, basta un botón: sobre el ingreso de armas, celulares y otros efectos supuestamente vedados a los penales, hemos visto como cuadros policiales y militares, que custodian a nivel interno y externo los centros de reclusión, respectivamente, se culpan mutuamente. Un razonamiento de Perogrullo sugiere que para ingresar un arma a un centro penitenciario se necesita la aquiescencia o  distracción de alguien en la guardia externa Y en alguien en la guardia interna, pues donde sólo una guardia fuera 100% eficaz, no podría llegar una pistola hasta una celda. Si tienen más culpa unos u otros, parece un discusión casi bizantina. Lo relevante es que el recurso a efectivos militares “per se” no parece ser la pócima mágica. En todo caso, parece más saludable el pasaje de efectivos militares a la institución policial, previos cursos de capacitación adecuados. Acaba de egresar una primera camada. Bonomi no puede tirar semillitas y cosechar agentes entrenados, está haciendo, me parece, lo que, detalles más o menos, cualquiera que se tomara su cargo en serio intentaría hacer.

  1. El diputado José Carlos Cardoso acaba de interpelar al ministro Bonomi y presentar una moción de censura en su contra. Ambos recursos completamente constitucionales, aunque muy distintos. Algunos analistas ligan este hecho a las aspiraciones presidenciales del diputado. Me parece un comentario irrelevante y fuera de lugar: lo haga por el motivo que lo haga, se trata de si es correcta o no la interpelación y moción. Y allí mi opinión se fragmenta. Un diputado puede (y diría debe) interpelar a un ministro cuya gestión le merece interrogantes relevantes. A mi juicio, está muy bien que el diputado Cardoso interpele al ministro Bonomi y que exponga su visión muy crítica de su gestión y que el ministro dé sus respuestas. Hasta ahí, no tengo objeción alguna. Sin embargo creo un inmenso error del diputado Cardoso el promover la moción de censura. Porque no creo que el diputado Cardoso, que es un hombre inteligente, pueda tan siquiera imaginar seriamente que con otro ministro y otras medidas se lograrían unos resultados radicalmente distintos. Insisto: errores hay, y yo mismo señalé tres. Correcciones siempre se pueden hacer y las críticas parlamentarias mucho pueden contribuir a ello. Pero magia, en estos temas, no hace ni Bonomi, ni Mandrake. Y me parece un genuino “cortar el hilo por el lado más fino” mocionar la remoción del Ministro, o incluso anticipar elecciones, como si acaso el Partido Nacional fuera a gestionar mejor la situación de la seguridad, cuando en los 34 años democráticos de gestación de la matriz social de la inseguridad, en 12 gobernó el Partido Nacional y en los restantes co-gobernó junto al Partido Colorado. La propuesta es injusta, efectista y nada efectiva, pero además, suena extraña en boca del Partido de  quienes firmaron, en las manos de Juan Eduardo Azzini (a quien aún hoy reivindican, por cierto), la primera carta-intención con el FMI, genuina apertura de la Caja de Pandora para la sociedad uruguaya.

  1. El diputado José Carlos Cardoso, que quede claro, cuenta con todo mi respeto y con el afecto sincero que vienen de los recuerdos al principio narrado. Lo sé un hombre inteligente y metedor, luchador, trabajador. Y sinceramente lo creo un hombre de bien, cuyas intenciones- más allá de las expectativas políticas que pudiera tener, que si las hubiera serían legítimas- seguramente son actuar en beneficio de la sociedad. Creo que hizo bien en interpelar al ministro Bonomi. Pero creo que cometió un inmenso y riesgoso error al mocionar su censura, pues sin duda sin quererlo,  está promoviendo el reduccionismo y el facilismo en una tarea harto difícil, donde todo lo que se hace (que se debe hacer, insisto) nunca será tan espectacular como lo que no se puede hacer,  y donde quien debe enfrentar tamaña situación, no es quien la generó durante 45 años.

  1. El Parlamento debe rechazar enérgicamente la moción de censura al ministro Bonomi. Puede indicarle mil críticas o sugerencias, pero no puede hipotecar su credibilidad y seriedad haciendo una jugada “para la tribuna” pero cuyo efecto concreto sobre la problemática planteada será absolutamente nulo, o incluso nocivo. Con todo el respeto que me merece el diputado interpelante, su partido y su tradicional aliado, el Partido Colorado, sin santificar ni demonizar a nadie, sin maniqueísmos ni simplismos, ésta es mi sincera opinión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario