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martes, 31 de julio de 2012

El indiscreto encanto del golpe bajo. Gonzalo Perera

En estos días, estando en Argentina, cobró notoriedad, gracias al programa televisivo de Jorge Lanata, un libro escrito por dos comunicadores uruguayos: Leonardo Haberkorn y Luciano Alvarez.

Las tesis básicas del libro son:

a) Víctor Hugo Morales (VHM, de aquí en más) supo llevarse bien con la dictadura militar en Uruguay.
b) Posteriormente, VHM habría reinventado su historia personal, transformándose en una suerte de referente del periodismo comprometido y en juez de calidades periodísticas ajenas.

Un serie de puntualizaciones.

1. Nací y viví en Rocha hasta mis 16 años. Para ese entonces, VHM ya había migrado a la Argentina. Soy muy aficionado al fútbol, hincha y socio del Club Nacional de Fútbol. Crecí escuchando a VHM en sus relatos, en sus intervenciones en el informativo "Telenoche 4" o en el programa  deportivo nocturno que fundó, "Hora 25". La época supuestamente "pecaminosa" de VHM, coincide con la época en que era su muy atento oyente. No soy ni un  "fan" de VHM ni un detractor, sino que me reservo, como respecto a cualquier comunicador, el derecho al análisis crítico de sus dichos. Pero no me gusta ni la amnesia ni la injusticia, ni mucho menos las hipocresías, y algunas puntualizaciones sobre la trayectoria de VHM y la época en cuestión, merecen ser planteadas con claridad.

2. Me parece fuera de discusión la calidad de VHM como periodista deportivo, capacidad que en Argentina extendió largamente, siendo un opinante muy inteligente. Entendámonos: gustará o no lo que opine, pero nadie podrá decir que no opina, o que lo que opina son tonterías. Tiene una particular claridad que va desde la dicción hasta un gran orden mental para exponer sus ideas, por lo cual se puede decir mil cosas de las opiniones de VHM, menos que no se entiende lo que pretende comunicar. Sus opiniones, en tiempos recientes, generan gran irritación en el Grupo Clarín, que en Uruguay tienen una notoria incidencia (muchos medios levantan acríticamente las versiones de los medios de Clarín). Por ejemplo, recuerdo una intervención radial matinal en que explicó con claridad docente el rol de Clarín en el "negocio" de las AFJP. Una vez más, cada quien se sentirá expresado o no en sus dichos, pero ni son inocuos, ni son menores: son inteligentes y absolutamente claros. Y no hay muchos comunicadores en el Río de la Plata que tallen a su altura. La capacidad ajena a algunos resulta molesta, pero para mi modo de ver el mundo, no reconocer el talento donde reside, es un supremo acto de mediocridad, así que comencemos por alejarnos de tamaña tentación

3. El revisionismo sobre la actitud de los civiles durante la dictadura militar uruguaya, es, a la fecha, cuasi nulo. Parece nadie haberse enterado que el Ing. Alejandro Végh Villegas, numen inspirador en Economía de Jorge Batlle, fue dos veces ministro de Economía- y en el interín embajador en USA - de la dictadura. Dos carguitos, digamos. Parece nadie estar interesado por las posturas adoptadas por los propietarios de los canales de televisión y diarios por aquellos tiempos, con muy reducidos matices. Parece nadie recordar las posiciones de los agentes inmobiliarios y financieros, netamente favorecidos, respectivamente, por el "boom" inmobiliario de Punta del Este y por la "plata dulce" de la tablita y engendros similares. Nadie recuerda el 43% de los ciudadanos que votaron "SI" en el 80, en un acto-quizás inconsciente- de complicidad con el proyecto de perpetuación dictatorial.  Nadie recuerda a ese padre, madre, tío, prima o familiar cualquiera, que elogiaba a los militares por "poner la casa en orden y hacer obra". Nadie recuerda a la Unión Colorada y Batllista  de Pacheco y al nacionalismo de Don Alberto Gallinal apoyando en masa a la dictadura. Nadie recuerda el rol de distinguidos empresarios, dirigentes políticos, que formaron parte de misiones comerciales, sesionaron en el Consejo de Estado o fueron desde cómplices pasivos a simples y miserables delatores. Nada de eso pasó, aparentemente. Y todos esos niveles de cercanía a la dictadura reconocen matices. Decididamente no es lo mismo no poder acreditar virginal impolutez o  no haber sido un neto resistente desde el primer al último día, que haber sido un traidor y delator. En el medio hay una amplia gama, donde mucha gente trató de continuar su vida en el medio del horror, sin ser ni intachable, ni tampoco un genocida. Nos hemos salteado todos esos años, por la sencilla razón, a mi juicio, que los poderosos de entonces siguen siendo poderosos hoy, los dueños de los medios de comunicación siguen siendo más o menos los mismos y no pocos actores políticos tienen un pasado que cuidar. Sea cual sea la explicación, ese revisionismo, sobre el que Argentina avanzó, en Uruguay ni siquiera arrancó. Martínez de Hoz en Argentina ha sido debidamente encausado ante la Justicia. ¿Y Végh Villegas qué? ¿O acaso atendía un kiosquito en los mismo años que su par argentino?

4. Me parece muy bien que se inicie un tal revisionismo pendiente. No tengo duda que algunos civiles son directos responsables- al menos en forma compartida- de algunos de los crímenes de la dictadura militar y que la raíz última de la dictadura no es una aventura de una manada de militares fascistoides e ignorantes, sino un proceso económico de imposición del gran capital financiero, por lo cual es obvio que hay directos responsables civiles. Pero parece muy curioso empezar a revisar dicho pasado por alguien que en el Uruguay fue relator de fútbol. Parece curioso saltearse todos los niveles de responsabilidad un tanto mayores (digo yo) para recién recalar allí. Parece curiosa la repercusión en Argentina, donde en librerías de todo tamaño, el libro se encuentra fácilmente. Parece curioso el deleite de Lanata. Bueno, en realidad no es curioso el deleite de Lanata, como veremos.

5. VHM trabajó en dictadura para dos empresas ( Canal 4 y Radio Oriental), de actitudes muy complacientes con la misma. Igual que la actual empresa para la que trabaja Jorge Lanata en Argentina, o los sectores de la derecha católica para los cuales han sabido trabajar los autores del libro. Como toda persona que trabajó varios años bajo dictadura, parece completamente descaminado presentar como revelación que VHM alguna vez en ese pasado tuvo trato con algún militar o alguna institución militar. Más bien parece una reverenda obviedad. No estaba escondido tirando volantes, era un comunicador social.Pero ojo, y a no violar la memoria, VHM no era Imazul Fernández, ni tan siquiera Don Julio Sánchez Padilla, cuya actitud de apoyo  al gobierno militar fue meridianamente clara, pese a que los años posteriores lo cubrieron de un manto de exotismo simpático. Y tuvo actitudes díscolas que le significaron roces con  autoridades militares. Y no bajó del aire- en producciones a su cargo- a declarantes irritantes para la dictadura. Nadie me lo contó, yo lo escuchaba a VHM: yo lo oí. Yo no digo que fuera un adalid de la resistencia, digo que mucha gente trabajó en los medios en este país durante la dictadura y ciertamente no todos fueron iguales.  Y aunque sea odioso, comparo, por si dudas quedan. Y VHM no me parece de ningún modo el recuerdo más cuestionable de aquellos años y si tuvo relación con el General Electric o el Sargento Sanders, eso no cambia lo que oí y vi en esos años. Y que me hace recordarlo como un gran comunicador, que si en todo no estoy de acuerdo con él, no por ello dejo de escucharlo o considerar su opinión menos válida. Y un comunicador con talentos bastante por encima de la media y con la indiscutible capacidad de declarar frontalmente contra quien considere del caso declarar, con altura, pero meridiana claridad.

6. Entrevistado uno de sus autores por el curioso motivo de su obra, explicó que quería desenmascarar la reconversión de VHM, la reinvención de su historia, sobre todo porque VHM se autoerige como referente y critica  a colegas. Como referente lo ha erigido su audiencia y muchos de sus propios colegas a lo largo de décadas, mucho me temo. Salvo que para explicar su éxito se invoque la omnipotencia de la "conspiración K" por parte de los mismos que rechazan por paranoide toda posible hipótesis de conspiración de Clarín (grandes brindadores con champagne con Videla, y electores de genocidas como personajes del año, por cierto), en un acto de singular dualidad lógica. La fulminante crítica pública de VHM a una pretendida obra de investigación de Luis Majul, por ejemplo, bien puede haber ofendido a más de uno, pero no conozco más de uno (y me refiero al propio Majul) que considere que la crítica no era completamente acertada.

7. El libro es muy menor. La documentación  y las fuentes completamente discutibles e incoherentes en distintas declaraciones. La intención del libro la sabrán los autores. No sé si llega al rango de conspiración. A lo mejor se trata apenas del irresistible encanto de ganar un poco de dinero tratando de golpear bajo el cinto a un comunicador de trayectoria y talento bastante superior .

8. Si fuera cierto que VHM viró de derecha a izquierda y reconstruyó su pasado, me preocupa poco en un Uruguay donde muchos periodistas y comunicadores que supieron ser de izquierda, militantes, activistas, gremialistas, hoy revistan gozosa tropa en las filas de la derecha. Si se tratara de un converso, sería un raro ejemplo para los comunicadores nacidos en Uruguay, ante tanto ex militante que hoy escupe fuego por la boca al referise al FA, al PIT-CNT o a la FEUU. Pero escribir sobre esas otras "conversiones" del estilo "corriéndose a la derecha que siempre hay lugar", implicaría cuestionar a los poderes fàcticos de aquí y AHORA, y no vendería en Argentina (mercado editorial mucho mayor al uruguayo). Y no le daría Lanata la posibilidad de manejar un argumento digno de un Rusell, Gödel o Wittgestein: "Yo chapoteo en mierda, pero él tiene caca en los zapatos".

9. Estamos hablando del mismo Jorge Lanata que descalificó las opiniones políticas de la actriz Florencia Peña porque "movía el culo con Francella en la época de Menem". Lo cual supone un logrado doblete: autoritarismo y misoginia. Y muestra la única táctica que Lanata hoy emplea para polemizar: intentar denostar al oponente. Jorge Lanata cumplió un rol muy importante en la Argentina de Menem, no reconocerle ese mérito sería actuar como él lo hace hoy . Porque hoy, no encontrando su nicho, por sus conocidos excesos de egolatría o por la razón que sea,  Lanata habita una nube paralela al universo, donde sólo una persona es digna de opinar: Jorge Lanata. Sinceramente me da tristeza Lanata, su pasado y su inteligencia, pero ha tomado una opción profesional y de vida muy clara y una vez más apostó a mostrar que él no es la única mosca que se alimenta de excrementos como única- falaz y bastante patética- forma de validar sus dichos y procederes cada vez más ilógicos y derechosos.

10. Décadas atrás, Vivian Trías y su investigación desnudaron las 500 familias dueñas del Uruguay. Otro tanto hizo, más recientemente y hasta su lamentable desaparición, Luis Stolovich. Eso sí era desenmascarar, hacer revisionismo en serio, y arrojar luz sobre los rincones más oscuros y jodidos del poder. Cuesta mucho y paga poco, pero el Uruguay supo tener autores de esa talla. Esa- y no anécdotas de mucho ruido y poca nuez- es la referencia que debe guiarnos a todos los que en algún momento pretendamos escribir para construír, entender y transformar la realidad.

viernes, 20 de julio de 2012

PLUNA, la liquidación, las asociaciones público-privadas y las empresas autogestionadas. Gonzalo Perera.



Aún resuenan en el Parlamento los  ecos de las andanadas de los senadores opositores, dirigidas hasta el grado del desafío, hacia un inmutable Vicepresidente Danilo Astori. Lo ocurrido con PLUNA merece una serie de puntualizaciones específicas, pero por sobre toda las cosas, alguna observación que trasciende el caso puntual.

1. La investigación periodística de Javier Zeballos  muestra de manera a mi juicio completamente fehaciente la enorme incertidumbre que se había generado sobre PLUNA a raíz de su vinculación al Grupo VARIG. En efecto, la jurisprudencia brasileña da al concepto de grupo económico un sentido amplio que, traducido al caso concreto, avalaba la posibilidad de que ex-trabajadores de VARIG (no directamente vinculados a PLUNA) litigaran contra la aerolínea uruguaya, como sobreviviente del conglomerado de empresas brasileñas. Esta amenaza podía traducirse en juicios de un volumen muy considerable, y sobre todo- como bien lo destaca en sus notas Javier Zeballos- una absoluta imposibilidad de predecir el desafío a asumir.

2. El gobierno del Presidente Mujica podría haber ignorado olímpicamente esta amenaza, ya que la misma afecta al Estado pero difícilmente tenga resolución firme antes de culminar su mandato. Sin embargo, decidió tomar el toro por las guampas y hacer lo único que entendió ponía freno a dicho riesgo: la liquidación de PLUNA.  Esta decisión merece alguna puntualización. Yo soy lego, pero creo del caso analizar con más detenimiento lo que pude entender a quienes son conocedores de la materia. La liquidación formal de la empresa PLUNA,  parecía prácticamente inevitable, ya que cualquier persona jurídica que mostrara continuidad con la empresa que antaño formara parte del grupo VARIG, sería pasible de similar amenaza e incertidumbre. Sin embargo, otra cosa es afirmar la necesidad de la liquidación efectiva de  la aerolínea nacional. Entendamos la diferencia: si con el mismo personal, misma flota, una nueva empresa, sin accionistas en común con PLUNA, se mantuviera en el aire, el factor "juicios en Brasil" sería un riesgo sensiblemente menor. Dicho de otro modo, los juicios podrían plantearse, naturalmente, pero la carga de la prueba reposaría en mostrar la continuidad existente  desde una empresa a la otra. La parte litigante, obviamente, argumentaría que la "muerte y resurrección" de la aerolínea no sería más que una "maniobra de cortafuegos" jurídica y que el alto grado de coincidencia de personal y flota mostrarían que en esencia se trataría de la misma empresa. Sin embargo, de no tener la nueva empresa accionistas en común con PLUNA, el argumento sería cuanto menos rebatible. Pero más aún, debe señalarse que el argumento de la parte litigante de recusar el "cortafuegos legal" es YA utilizable, con la situación ACTUAL,  puesto que se ha declarado públicamente que el motivo de la liquidación por parte del Estado (que fue accionista de PLUNA en todo momento) es evitar los posibles juicios en Brasil. Dicho de otro modo, si la liquidación formal de la figura jurídica parecía inevitable, el mantenimiento de una flota de bandera uruguaya en el aire, basada en recursos humanos y materailes que poseía PLUNA- si se encuentra una forma que la haga viable- no parece generar mayores riesgos legales adicionales a los YA existentes y en cambio, generaría un evidente beneficio: mantendría frecuencia de vuelos, más la consecuente salvaguarda de puestos de trabajos directos y de empresas asociadas. El si es viable o no la existencia efectiva de la aerolínea más allá de la liquidación formal de PLUNA, y bajo qué forma, lo analizaremos más adelante, pero de serlo, debería intentarse.

3. La venta de la mayoría accionaria de PLUNA a VARIG se realizó bajo un gobierno de la derecha (ley habilitante de Lacalle, venta de Sanguinetti, para mayor precisión). Los resultados, a la vista están. Tanto dicha responsabilidad directa como el reconocimiento a la seriedad con que el Presidente Mujica enfocó el tema,que lo podría haber sido simplemente "pateado para adelante", como señaláramos en el punto precedente, fueron esmeradas omisiones de la encendida oratoria de la derecha en el Parlamento.

4. Ni los errores ni las debilidades humanas son propiedad exclusiva de la derecha. La Historia universal muestra que bajo gobiernos de izquierda y de derecha han ocurrido, ocurren y ocurrirán tanto errores como desviaciones de conductas de mayor o menor envergadura. Sin embargo, el punto crucial es que no puede permitirse ni por un momento que se siembre el "SON TODOS LO MISMO". Y una diferencia DEFINITORIA de la izquierda es su capacidad autocrtítica, el asumir y corregir sus propios pasos en falso en tiempo y forma, actitud que la derecha jamás tomaría. Todo señala que la decisión del primer gobierno frentista de confiar la revitalización de PLUNA a Leadgate en el 2007 fue un gran error. Los trabajos periodísticos ya referidos de Javier Zeballos lo sugerían, pero múltiples denuncias de los trabajadores de la empresa hacían temer lo que los hechos confirmaron: un vaciamiento de la empresa a posteriori de un plan de inversiones audaz, con la consecuente carga a las cuenta del Estado de los platos rotos. La cancelación de los vuelos a Madrid, por ejemplo, denunciada oportunamente por los trabajadores, no podía sino llamar la atención sobre un muy factible movimiento de retracción de la empresa.  Ante la liquidación de PLUNA, la inmediata reacción de Tabaré como Presidente y de Astori como Ministro de Economía y Finanzas en el momento en que la decisión fue tomada, fue asumir la responsabilidad del error. La actitud de ambos (Tabaré y Astori) entiendo que  corresponde y merece destacarse. No termina las interrogantes y discusiones, como más adelante veremos, evidentemente. Pero para justipreciar la actitud, pensemos en si en alguna oportunidad se escuchará a Luis Alberto Lacalle plantear un mea culpa por la virtual destrucción de la industria nacional, a Julio María Sanguinetti por la promoción y promulgación de la Ley de caducidad y su estrecha relación con los uniformes manchados en sangre, o a Jorge Batlle asumir algún tipo de error por dejar el país al borde del abismo en el 2002 tras el anunciado y evitable catástrofe desencadenada por el quiebre del grupo Peirano. Frente a una lista  de débitos bastante más onerosa para el país  que las deudas de PLUNA y en algunos casos completamente intangible ( como en el tema de la impunidad), se ruega por favor avisar si alguien atisba alguna reacción de autocrítica desde la derecha. No está en su ADN político decir "Yo me equivoqué" como lo hicieron Tabaré y Astori. Y eso hay que decirlo con toda claridad, pues marca una diferencia de actitudes, que al menos a mí, me parece significativa. Insisto, esto no cierra el tema, ni tampoco  supone considerar un episodio menor lo ocurrido con PLUNA y Leadgate, sino que simplemente implica ser  justo y diferenciar actitudes que son diferentes.

5. Con la misma claridad y respeto, debe decirse algo  que debería ser prácticamente de Perogrullo: no alcanza el mea culpa ni de Tabaré ni de Astori, o las explicaciones un poco más detalladas expuestas por este último, para entender cómo y por qué se da la segunda parte del derrumbe de PLUNA (la que corre a la cuenta de Leadgate) y cuáles son las posibles responsabilidades precisas en dicho proceso. Es cierto que el diario del lunes hace certero el resultado del partido del domingo, pero en principio, frente a advertencias surgidas a nivel tanto de los trabajadores como de trabajos periodísticos, parece razonable preguntarse si no hubo al menos fallas en los contralores necesarios para evitar un desenlace como el que se produjo. El cómo, el por qué y las cadenas de responsabilidad precisas en algunas acciones u omisiones en relación a Leadgate, son temas aún pendiente. Las responsabilidades  ante un problema de esta naturaleza, a priori, pueden ser de diverso tipo: penales, políticas, administrativas, etc. En principio, una investigación parlamentaria se ocupa ante todo de las responsabilidades políticas y administrativas y compete a la Justicia el dirimir si caben responsabilidades penales. En principio, entendí que el FA debía acompañar la moción de crear una comisión investigadora en el Parlamento, de forma que la consideración del tema no se restringiera a responsabilidades penales. Sin embargo, el grado de ferocidad y espectacularidad que la oposición blanca y colorada dio a la discusión, aparentando absoluta amnesia respecto a un pequeño error llamado VARIG, me volcaron a la duda sobre si era posible, ante tal "estado de espíritu", una investigación seria y que no culminara de manera muy previsible - y dilatada en el tiempo- con un verdadero espectáculo político dedicado a gritar verdades a medias para acarrear agua al propio molino y, por supuesto, una comisión investigadora emitiendo dos informes, uno en mayoría y otro en minoría, que sumarían mucho ruido y muy pocas nueces. En ese punto, compartí la  decisión unánime y sin fisuras del FA: lo más sano era remitirse  con la mayor celeridad posible al proceso judicial, colaborar con la Justicia y, obviamente, acatar sus decisiones, sean las que sean. Es la Justicia por ende el ámbito que terminará de dilucidar  qué pasó y cuáles son las responsabilidades que puedan corresponder. Puede descontarse, estoy sinceramente convencido, que no habrá ninguna presión del Poder Ejecutivo ni impunidades "a la carte" expedidas por el Legislativo para amparar absolutamente a nadie que pudiera resultar inculpado. La Justicia tiene sus tiempos, es ejercida por seres humanos, y  por ende no siempre alcanza a comprender completamente la complejidad de algunos temas y en tiempos breves, eso es absolutamente cierto. Pero dada la centralidad que el tema ha tenido en la agenda reciente, creo que se expedirá con la mayor premura que el debido proceso habilite y que hurgará tan a fondo como sea posible. No será una decisión perfecta, como ninguna lo es, pero parece claro que  en el contexto y tono de discusión actual es la única que puede brindar a todos, más allá de opiniones, simpatías o presunciones que   cada uno pueda tener, las mayor garantía de no estar sesgada, Ni el FA ni sus gobernantes están vacunados contra las debilidades humanas. Pero éstos últimos han reaccionado  asumiendo las fallas a nivel de error de buena fe, que son las que asumen como propias, y se han remitido a la Justicia por si la misma entendiera que dichas fallas en realidad son de otra naturaleza.  El FA ha actuado de manera unánime del mismo modo. Esto no siempre ha ocurrido en nuestra historia política y por cierto, jamás se ha visto en algunos vociferantes opositores similares actos. De momento, hay un error del que nadie se hace cargo, llamado VARIG. Y hay un error del que al menos dos personas se hacen cargo, llamado Leadgate. Y de momento no se entiende claramente la globalidad del proceso ni si se trata de meros errores  y en tal caso, que razones los indujeron, los que explican las dos etapas del quiebre de PLUNA. A mi juicio, sobre el curso a seguir en la investigación y dilucidación de responsabilidades, lo que  corresponde ahora es esperar los  pronunciamientos judiciales. Sin embargo, debe señalarse que sea cual sea el giro que tome la historia al respecto, esta investigación y decisión, que corresponde, no corrige ni la situación de los trabajadores afectados, ni los servicios aeroportuarios del Uruguay, y menos aún algunos recurrentes errores o prejuicios de nuestra Historia política, en los que es preciso incursionar.

6. En declaraciones radiales, el compañero senador Agazzi despuntó la madeja de un tema  mucho mayor. Manifestó que el Estado no podía asociarse en minoría accionaria con privados , puesto que el afán de lucro de estos últimos desnaturaliza y es incompatible con la misión de servicio del Estado. Esa apreciación puntual es completamente compartible, pero revisando la historia propia y ajena, no parece ser meramente un problema del porcentaje accionario. Todo indica que, salvo contadas excepciones, los capitales privados usan a los Estados como fuerte respaldo para asumir conductas muy agresivas en gastos, inversiones y  política de precios, aumentado su margen de ganancia y acelerando la reproducción del capital propio, para finalmente, cuando el volumen operativo de la empresa se vuelve inmanejable, retirarse de un modo u otro y dejar al Estado con el "muerto en el placard". Una manera muy intensa de multiplicar y concentrar ganancias y socializar las pérdidas, de la que los influjos de la Gran Bretaña de Thatcher y de la "Reaganomics" en USA, tantos ejemplos legaran al mundo entero. Ahora bien, bajo este período legislativo votamos la ley de Participación- Público-Privada (PPP). La misma permitiría importantes obras de infraestructura, y se señalaba particularmente la recuperación ferroviaria. No parecen haberse operado grandes cambios sobre dichos rieles. Nos quedamos sin aerolínea de bandera propia, que esperemos finalmente pueda ser recuperada de algún modo,  que no deje de lado a una amplia masa de mano de obra calificada y no reduzca la conectividad aérea, tan sensible para la logística y el turismo. En cambio los que sí tenemos es la ley PPP, que puede ser usada por este gobierno, o por quienes le sucedan, cuyo signo parece aventurado adivinar, más allá de los deseos que cada quien tenga.  La prensa de hoy expone la iniciativa de construcción de una cárcel en el marco de la ley PPP. No discuto si el país precisa nuevas instalaciones carcelarias, pero parece necesitar también nuevos hospitales, nuevas vías férreas, nuevos trenes, etc.,las  muchas obras de infraestructura productiva y social que van muchísimo más allá de cárceles (y que más bien tienden a evitar que éstas sean necesarias) y a las cuales se suponía apuntaba la ley en cuestión ¿Cuál fue el sentido entonces el sentido de la ley PPP?¿Qué legados reales nos ha dejado? ¿A qué riesgo nos expone en el futuro, ahora que tenemos- una vez más- un ejemplo del Estado pagando platos rotos por un- en su momento- promisorio y bienvenido socio privado? En definitiva: ¿Para qué seguimos teniendo la ley PPP? ¿Qué es lo que realmente permite que no fuera ya posible bajo el marco legal previo y en qué beneficia eso la construcción de una sociedad más justa, integrada, educada? Confieso que si no lo entendí en su momento ( y lo intenté), ahora, en este contexto en que obviamente se impone la discusión de las asociaciones Estado-privados, su conveniencia, extensión, finalidades, operativas y contralores (y no solamente porcentajes accionarios en una S.A.), menos que menos.

7. Todo tiene su lado bueno, según dicen. Es así que los mismos partidos tradicionales que terminaron con los Consejos de Salarios por rama de actividad, que flecharon las políticas laborales hacia los intereses empresariales, que desregularon el mercado laboral so pretexto de la eufemística "flexibilización laboral" y que nos legaron niveles de desocupación pavorosos, han redescubierto su vocación de defensa de los puestos de trabajo y de los intereses de los trabajadores afectados por esta situación. Sería de suponer que este renacimiento de su sensbilidad social los hiciera más receptivos a los planteamientos de la central sindical, por mera lógica. Y los trabajadores directamente afectados y el PIT-CNT están abocados a buscar una estructura cooperativa y /o autogestionada que permita recuperar la aerolínea. Allí están cifradas mis esperanzas de que siga surcando el cielo una bandera uruguaya,que muchas familias no vean afectadas su fuentes de trabajo y que la industria logística y turística no se resienta. Sin embargo, desde la derecha, algunas sonrisas socarronas se apresuran a descartar la viabilidad de tal iniciativa ¿Por qué tan rápido descrédito, o  es su opinión que la clase obrera es menos inteligente que otras clases, acaso? ¿O es que la inteligencia privilegiada del  Ing. Alejandro Végh Villegas, la militancia erudita del Dr. Ramón Díaz o- yendo al ejemplo más reciente- la astucia del señor Matías Campiani, fueron un aporte crucial para la felicidad pública y bienestar común? ¿Por qué se presupone que los trabajadores no están capacitados para gestionar empresas? ¿Acaso eran trabajadores los que gestionaban ONDA, el Banco Pan de Azúcar, el Banco de Montevideo, para mencionar sólo tres ejemplos? ¿Acaso era afiliado al PIT-CNT el Sr. Soloducho, que supo tomar créditos públicos para sostener su textil para luego tomar propicios vientos que lo llevaron fuera del alcance de reclamos? ¿De qué estamos hablando? Reelaborar un plan de negocios para una aerolínea-negocio complejo y de gran capilaridad, que requiere vinculaciones con numerosas otras empresas en los ramos logístico y turístico- y hacerlo en un plazo tan exiguo como 60 días, es una tarea titánica, es evidente. Pero quien a priori la crea imposible por ser protagonizada por trabajadores organizados, me temo que incurre en un acto-quizás no consciente- de enorme prejuicio. O en caso contrario, sufre de una severa amnesia sobre la larga lista de distinguidos, capacitados y exitosísimos empresarios privados que nos han hecho pagarles con hambre y sufrimientos de las familias trabajadoras sus aventuras financieras, tantas y tantas veces en nuestra historia.


sábado, 14 de julio de 2012

Apenas si vive en Roma. Gonzalo Perera



Como agnóstico, respeto toda posición religiosa que sea promotora de la dignidad humana.

Entiendo la celebérrima frase “la religión es el opio de los pueblos” en su contexto y la comparto al 100%.

Pero hay otros contextos que hacen al factor religioso un despertador y no un opiáceo. Me refiero no sólo a Gustavo Gutiérrez Merino, Leonardo Boff, Frei Betto y todos los referentes más conocidos de la “teología de la liberación”. Me refiero también a Ernesto Cardenal en Solentiname o a “Perico” Pérez Aguirre viviendo su prédica en “La Huella”, su hogar para niños desde donde tantos textos formidables escribiera al tiempo que se hiciera ejemplar resistente a la dictadura y un apoyo inclaudicable de los familiares de los detenidos desaparecidos. Me refiero al gesto solidario y valiente de Monseñor Carlos Partelli, entonces Arzobispo de Montevideo, concurriendo al velatorio de los mártires de la seccional 20, lo que motivara la iracundia de la poderosísima derecha católica y una espléndida nota de agradecimiento de Rodney Arismendi. Me refiero, por si fuera poco, a mis viejos, católicos ambos, ahora ojalá al abrigo  del Dios en quien creyeron, porque fue mi viejo, en mi infancia rochense, frente a la saturación de propaganda fascista que surgía de los principales medios de aquella época (curiosamente, los mismos que ahora), me dijera cosas tales como que Fidel Castro sería recordado como uno de los mayores héroes de América Latina y que había mucho más valores de cristiandad entre la mayoría de los militantes comunistas que entre la mayoría de los autodenominados católicos, incluyendo clérigos. La Iglesia, para quienes no somos creyentes, suele verse como una institucionalidad. Para quienes lo son, es “el cuerpo místico de Cristo”, una comunidad de conciencias, basada en la libre adhesión de cada convicción y en el sentirse testigos de un mensaje tan destinado a la intimidad individual como a la vivencia colectiva, y que nada tiene que ver con  el Papa o el Vaticano, que son dos instituciones  temporales (y distintas entre sí).

Porque por más que se insista en recordar que Jesucristo manifestó “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, la figura del papa, con sus aditamentos más cercanos en el tiempo, completamente terrenales y para nada adjudicables al Nazareno como la doctrina de la infalibilidad papal y la propia letra del “Himno al Papa” (“Dios Salve al Papa, Pontífice Supremo, Dios en la Tierra…”) se parece muy peligrosamente a un genuino acto de idolatría y culto al poder, frente a los cuales quien naciera en un mísero pesebre de Belén fue particularmente inflexible.  Pues el acento de su prédica mo estuvo  en los liderazgos, sino en las comunidades. Y así supieron vivir los primeros cristianos, cuando el Poder los perseguía y se reúnian en catacumbas o bajo el manto de cielos estrellados para compartir el pan y el vino . Cuando el Poder adoptó el cristianismo en Constantinopla, la perversión del mensaje inicial  hizo que el papado se transformara en un reinado terrenal como tantos, pero con incidencia cultural y política sobresaliente. El papado, con sus cambios de sede, casos de doble papa simultáneo y beligerancia sucesoria, es una institución estrictamente terrenal que precede por muchos siglos a otra, que es su última sede: el Vaticano, mero futo de un concordato con el Estado italiano.

El Vaticano fue por décadas un sitio sombrío,  refugio de anticomunistas y grandes señores de grandes negocios, hasta que el papa Roncalli (Juan XXIII), “Il Papa buono”, resolviera “abrir las ventanas de par en  par” y convocara al Concilio Vaticano II para ponerse a tono con el “signo de los tiempos”. El papa Montini (Pablo VI) llevó a cabo dicho concilio, donde el Vaticano alcanzó niveles de aggiornamiento, humanización  y apertura absolutamente insólitos. Fueron tiempo de luces y esperanzas para muchos seres humanos en el planeta entero, que veían que la señal de la cruz, volvía, tras casi veinte siglos de enajenación, a cobijar el bando donde nació: el de los pobres, los perseguidos, los excluídos de la tierra. Todos a quienes nombra el propio Jesucristo en su formidable “Sermón de la Montaña”. El apogeo de esa esperanza pareció llegar con los apenas 33 días del papa Luciani (Juan Pablo I), pero tras su misteriosa muerte, las sombras comenzaron a recuperar terreno, y las ventanas, a cerrarse una por una. Porque el papa Wojtyla (Juan Pablo II) mostraría poco a poco que su grandes obsesiones “pastorales” eran  contribuir a destruir la URSS y volver a una Iglesia pre-conciliar de manuales de catecismo anacrónicos, pacatos e inhumanos, mientras el Opus Dei adquiría una predominancia superlativa en el Vaticano. Finalmente llegaría el papado de Ratzinger (Benedicto XVI), quien fungiera como inquisidor de los referentes de la Teología de la Liberación y redactor del Manual de Catecismo de Wojtyla, quien  lo supera largamente, llegando a añorar las misas en latín y de espaldas al pueblo. En el Vaticano, hoy, del hálito luminoso que inyectara Roncalli, ya nada queda. Sólo hay luz entre muchas comunidades eclesiales modestas, entre muchas gentes de fe, que siguen pensando que su compromiso con el Cristo es vinculante con el hermano, con la comunidad, y muy particularmente, con el pobre, con el afligido y por ende, opuesto al poder dominante, tal y como lo hiciera en su propia vida el Nazareno.

Como prueba al canto de ello, tras el “Viernes negro” paraguayo, en que un juicio político express, impresentable, sin posibilidad alguna del “acusado”  de poder defenderse realmente, el Vaticano fue el primer estado en reconocer el gobierno del usurpador Franco, un simple traidor al servicio de la narco-mafia.

Si algo de autoridad moral pudiera aún quedar en la Basílica de San Pedro, ese gesto fascista, apresurado, terminó de pulverizarla por completo. Ni USA ni Israel, que participaron en una conspiración para que Lugo ni siquiera llegara a asumir el poder, siendo sucedido desde el “vamos” por Franco, se precipitaron tanto. Así, imposible no darse cuenta que el “agua bendita” que el Vaticano derramó sobre Franco, hiede a azufre.

“¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando a sus palomas?” dicen los versos de Violeta Parra dedicados al mártir comunista español Julián Grimau, fusilado por otro Franco, el 20 de abril de 1963 en Madrid.

 Hoy ya no se pueden recitar. Porque ha quedado definitivamente demostrado que el retrógrado medieval que conduce el Vaticano, nada tiene ni de santo ni de padre.

Apenas si vive en Roma. Nada más.