Páginas vistas en total

domingo, 27 de enero de 2013

Un Lento y Valiente sendero de vida. Gonzalo Perera

1. La dictadura fascista que viviera el Uruguay, concebida entre Washington D.C. y Montevideo  por muy lúcidos civiles y llevada adelante por  militares cuya dieta diaria incluía sobredosis de "s" y total ayuno de frases medianamente inteligentes, había tenido en el plebiscito de 1980 un impensado y tremendo revés. Una clara mayoría (57%) de la ciudadanía, bajo severa represión y una presión propagandística inmensa, le dijo "NO" a la propuesta de perpetuación dictatorial a través de un aberrante proyecto constitucional. En 1982, con el agravamiento de la crisis económica y el aumento del descontento popular, la elecciones internas organizadas para los partidos políticos autorizados a funcionar (la izquierda se mantenía proscrita y se expresó en su gran mayoría votando en blanco) indicaba para cualquier mirada medianamente sensata, que el voto opositor a la dictadura había subido hasta superar el 80%. Desde la embajada americana y desde los sectores menos insensatos del gobierno dictatorial, comenzó a pensarse en  el riesgo de mayor ampliación del abanico opositor pudiera devenir en una radicalización hacia la izquierda de la resistencia popular. Por ende, y para preservar el núcleo de los intereses económicos, causa final del proceso dictatorial, un sector del gobierno empezó a propiciar una negociación política, fundamentalmente con los partidos tradicionales, de modo de pautar una salida "controlada" de la dictadura, que actuara como válvula de escape para la enorme presión popular pero que brindara garantías a los fundamentos y actores del "proceso". Frente a este sector, y en medio de una maraña de conflictos sustentados en apetencias personales, enfrentamientos de logias y otras yerbas que sacudían la interna militar, se recortaba claramente el sector de los denominados "duros". Es decir, un conjunto de generales radicales en su fascismo, con escaso apego a la realidad y racionalidad, que no solo no deseaban ningún tipo de apertura democrática o negociación de ninguna especie, sino que urdían tenebrosas tramas para dinamitar los procesos de diálogo político. Corría mayo de 1983: un impresionante acto de masas, con las inolvidables voces de Ruben Castillo y Graciela Possamay como presentadores, evidenciaba la vigencia del movimiento sindical uruguayo, clasista y unitario, presionando a la dictadura desde la base social, frente a los fotógrafos y tiradores apostados en los techos cercanos al Palacio Legislativo, expresiones paradojales que mostraban que por un lado se flexibilizaban las medidas restrictivas pero por otro se mantenía el intento de intimidar o amedrentar. El "proceso" evidenciaba en gestos así la indeterminación fruto de pujas internas como las aludidas, mientras a su frente un mar de gente le mostraba una profunda y clara convicción: la dictadura se iba a acabar y pronto. Se iniciaban (y transcurrían hasta principios de julio) siete negociaciones de diálogo político entre representantes de la dictadura (como el Gral. Julio César Rapela) y de los Partidos Nacional, Colorado y Unión Cívica, en el Parque Hotel. Las mismas revelaban un paso "dialoguista", pero el nivel de tensión y virtual diálogo de sordos que imprimieron los participantes militares a las mismas mostraron a las claras que dicha postura estaba lejos de haberse impuesto a la interna militar y que más bien los militares practicaban una suerte de equilibrismo permanente, por el cual, como en el acto del 1 de mayo regado de vigilantes, permanentemente mandaban señales ambiguas, "una de cal y otra de arena", o una suerte de "aflojamos, pero no tanto", de modo de no quebrar su complejo equilibrio interno.

2. Fue en ese contexto- y todo indica que con la intencionalidad de dar un golpe de timón hacia la dirección "dura" y de intransigencia total- que se desatan algunas de las últimas olas represivas. En particular, la dictadura detiene y tortura a un muy activo núcleo de militantes de la UJC (Unión de Juventudes Comunistas), llevando la represión nuevamente a sus peores niveles. Los militares no hicieron mayor esfuerzo en disimular lo ocurrido en una sociedad que ya no se guardaba las preguntas, por lo cual se ha interpretado esta cruel y perversa "movida" como una forma deliberada de dinamitar todo proceso flexibilizador o negociador, tensionando al máximo las relaciones con la oposición, al reiterar una ostensible y cruenta violación a los Derechos Humanos.

3. Ariel Roche Lowczy fue uno de los integrantes del núcleo de la UJC de Facultad de Ingeniería que no fue apresado en la redada antes aludida y que por ende, durante al menos un año, muy joven, vivió en la clandestinidad (hasta que en la segunda mitad del 84, la dictadura cambiara la apuesta a la violencia por la fomentar el triunfo electoral del Partido Colorado). Ariel seguramente tuviera la rebeldía en sus genes: era nieto de Doña Julia Arévalo de Roche, quien al ser electa en 1942 diputada, formó parte del cuarteto de damas que abrieron el Parlamento al género femenino. Doña Julia Arévalo sería luego la primera  senadora de izquierda de nuestro subcontinente y se constituyó en una referencia ineludible en la historia del Partido Comunista, de la izquierda más en general, y en última instancia de todas las luchas sociales por mayor igualdad y justicia. Mas allá de esa ilustre herencia, Ariel, quien fue conocido en diversos ámbitos como "el Lento", tuvo, como todo ser humano, en su libre albedrío, la posibilidad de aportar su granito de arena en la Historia de las luchas sociales u optar por la comodidad, seguridad y el facilismo de restringirse a escuchar en las FM música en inglés, usar championes Nike y remeras Penguin  y no "meterse en problemas". En esa encrucijada vital,  "el Lento"procedió como lo hizo  de forma sistemática a lo largo de su vida:  optó por la valentía.

4. Con el transcurrir de los años, Ariel construyó una hermosa familia con su gran compañera Andrea,ejerció de manera destacada la docencia  universitaria, superó diversas dificultades haciendo gala de una admirable y serena valentía, trabajó con inteligencia, responsabilidad, con un orden y capacidad de organización ejemplar y se hizo querer por una gran cantidad de amigos y compañeros de diversos ámbitos. Fue madurando y  creciendo, por ende cambiando, como todos lo hacemos, pero sin perder la coherencia con las motivaciones de sus sacrificios juveniles. Coherencia, vale decir, que no se extendía al discurso, sino a la vida misma, a las acciones concretas (que es lo que finalmente cuenta).

5. Ariel obtuvo la Licenciatura en Matemática Orientación Estadística en la Facultad de Ciencias y posteriormente la Maestría en Ingenierìa Matemática en la Facultad de Ingeniería. En el último caso, su tesis implicó una investigación conjunta con colegas de Marseille, Francia. Se destacó en la docencia universitaria en el Instituto de Matemática y Estadística "Rafael Laguardia" (IMERL) de la Facultad de Ingeniería, particularmente dentro del LPE (Laboratorio de Probabilidad y Estadística), segmento del IMERL dedicado a la investigación estadística con particular énfasis en las aplicaciones a la realidad y a los problemas sociales y productivos, donde era Profesor Adjunto (Gr 3).  Ariel era muy sólido y  así como era extraordinariamente organizado (mentalmente y con el manejo de su tiempo y energía) era un muy buen organizador y muy buen orientador del trabajo de los compañeros más jóvenes. Se fijaba metas claras, las buscaba con tenacidad y paciencia y ayudaba a los demás a ordenarse y avanzar paso a paso. Asumió responsabilidades de conducción, por ejemplo en convenios del LPE con el MSP y con el INAC. En el ejercicio de la función de enseñanza, Ariel trasladaba su orden, claridad y espíritu formador de los más jóvenes, aconsejando, orientando, brindando sugerencias.Pero además- punto nada menor -lo hacía  siempre de manera muy afable, a menudo con una sonrisa, con un comentario que daba a la sugerencia una tonalidad amigable y que ayudaba a armonizar los grupos en los que participaba.

6. Ariel era singularmente honesto y entrañable. Lograba una rara amalgama:  ser capaz a la vez de decir con mucha claridad palabras que sabia que no serían del agrado de algún interlocutor (o de la enorme mayoría de una asamblea, llegado el caso) si entendía que correspondía decirlas, por un lado, y por otro, ser capaz de, ante las tensiones o roces interpersonales, actuar sistemáticamente como mediador, tratando de que cada quien entendiera o al menos respetara la otra visión. Supo ser franco, valiente y claro, a la vez que respetuoso, afectuoso y tendedor de puentes. Una muy rara combinación, singularmente escasa y valiosa.


7. Ante una enfermedad de extrema gravedad, frente a pronósticos completamente sombríos, Ariel volvió a provocarnos a todos la más sincera y profunda admiración, enfrentando la enfermedad, sus dolores físicos y espirituales con la misma valentía y serenidad de siempre,  llegando a superar la más optimista de las expectativas  y pautando en su proceder un resumen de toda su actitud ante la vida.

8. El sol caía a plomo en el cementerio del Buceo, cerca de las 15 hrs. Mucha gente lloraba desconsoladamente bajo el calor abrasador. Otros no lo hicimos, pero no por fuertes, sino quizás por la certeza de que en caso de aflojar la primera lágrima, sería muy difícil detenerse. El dolor apretaba la garganta y el pecho. Un dolor con muchos ribetes, pero de las cuales uno que resultaba insoslayable era el producido por perder tan tempranamente la posibilidad de contar con "el Lento".

9. Es que un amigo o un compañero siempre contaba con "el Lento". Y te ayudaba con absoluta generosidad, solidaridad y fraternidad. Iba a donde fuera necesario a prestarte oreja y compañía. Pero al mismo tiempo, jamás incurría en la incondicionalidad o el "vale todo". Recuerdo con total nitidez conversaciones con Ariel en las que, como genuino amigo, con su serena pero clara convicción, me manifestaba que yo estaba equivocando. A veces le hice caso y a veces no, no siempre estuvimos de acuerdo. Pero jamás Ariel faltó a la cita ni para dar una mano ni para brindarme una opinión crítica cuando entendía que me equivocaba, respetando siempre la decisión que luego tomara.

10. El "Lento", el joven que luchó tanto como pudo contra la dictadura y la intervención, el que pasó a la clandestinidad, el que supo asumir las responsabilidades propias de la maduración sin perder  la sensibilidad ni a nivel personal ni a nivel social, el que supo ser amigo genuino, compañero invalorable, docente de vocación, presencia entrañable en todo grupo que integró, el que nunca abandonó una conducta leal, honesta, valiente y a la vez afectuosa, dio el paso final en un camino repleto de vida. Sendero lleno de coraje, paciencia, generosidad auténtica y de una alegría profundamente sana que se reflejaba en su carcajada, que solía desplegar a menudo, achinando los ojos como si con ello se esforzara  por dar más espacio a la mandíbula batiente.

El "Lento" no se fue. Se instaló para siempre en rinconcitos de muchos corazones, con todo lo bueno que legó, con toda la admiración que generó con sus actitudes hasta el último de sus días, con todo la valentía, lealtad y serenidad que regaló, con toda la tibieza y ternura de su preciosa persona.