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viernes, 31 de mayo de 2013

Cartas de una hija a un padre. Anahí Perera

Para: Papá
De: Lucía.

Papi te quería decir que me fui al shopping con unas amigas, pero antes pasé por la cocina y te quiero decir, Papi, que lo que pasó, es que quise agarrar un poco de crema de chocolate (esa que hiciste ayer y  te quedó re- rica) y se me cayó al piso, y como no sabía qué cuernos hacer con eso, le puse un poco de  ese jabón en polvito que usás para lavar la ropa pero quedó mucho peor… entonces empecé a pensar y pensar y me acordé que para lavar con ese jabón en polvito también precisás agua, entonces agarré el jarrón bien grande que tenemos en la sala,  ese que tiene como unas perlitas y que vos decís que es  de 5 generaciones antes, y empecé a tirarle agua con eso, pero se me resbaló y se me rompió todito…pero no te preocupes Papi: ese jarrón estaba tan, tan  viejo que yo entro en Internet y te consigo enseguida uno más nuevo y más barato ¡ Ya vas a a ver!

Bueno Papi, entonces busqué un trapo o una escoba para barrer todo eso, y como no encontré, entonces fui hasta lo de la vecina de la esquina, ésa que es medio feíta y rara, y le pedí prestado un trapo para el piso. Y ella me dijo que “cómo no”, que “claro,”, que ella me lo daba (¿Viste Papá?¡ Yo soy una genia socializando con la vecina!), pero cuando llegué de vuelta tooodo estaba inundado, porque me había olvidado de cerrar la canilla…..

¡Ay Papá, no te podés imaginar cómo estaba eso, parecía una piscina, Ja, Ja! Entonces empecé a caminar, o más bien nadar hasta la canilla, la cerré, y para mi desgracia esa porquería marrón con jabón seguía ahí, flotando como si nada. Y se me ocurrió una gran idea:  agarré la aspiradora y la enchufé, y empecé a succionar todas esas cosa raras y el agua. Y se ve que nuestra aspiradora no es una de estas nuevas que pasan en las propagandas de la tele que son sumergibles, porque empezó a largar chispitas y quemarse. Entonces quise apagarla haciéndole viento, agarré ese libro de Historia tuyo de como 9.348.600 páginas y empecé a sacudirlo como una loca, pero Papi, el libro se empezó a prender fuego, y yo, pobrecita, no sabía qué hacer….entonces salí corriendo al patio y veía que por la ventana de la cocina salía fuego. Pero por suerte la vecina de la esquina se dio cuenta y llamó a los bomberos.

¡No sabés Papi que personas más solidarias son los bomberos y bomberas! ¡Yo de grande quisiera ser como ellos para poder ayudar a niños inocentes como yo! Pero al final, todo bien, Papi, sólo se quemó la cocina, pero nada más.

Así que vos tranquilo, que los bomberos lo tienen todo controlado...tal vez cuando vos llegues siguen apagando la cocina.... por eso te dejo esta nota  pegada en el árbol del frente de la casa.

Te quiero mucho,  Lu

¡Nos vemos a las 8!

viernes, 24 de mayo de 2013

Las protestas en Carrasco Sur. Gonzalo Perera. Contratapa de "EL POPULAR". Viernes 24 de mayor del 2013.


1.      En los últimos días, cobró notoriedad alguna manifestación de los vecinos de Carrasco Sur, una de las zonas más privilegiadas de Montevideo, en torno al tema de la seguridad.

2.      Toda manifestación ciudadana pacífica reclamando un derecho constitucional, como el derecho a la seguridad, es legítima y punto.

3.      Eliminemos de raíz el “factor Canessa”: Ha aparecido como referente de esta movida el Dr. Roberto Canessa, sobreviviente a la tragedia de los Andes.  Sus manifestaciones públicas han sido harto infelices, pero deben ser juzgadas tal y como si fueran dichas por cualquier otro vecino de su barrio. Ha habido, en su crítica y en su defensa, alusiones a su pasado en la cordillera. Ambas cosas me parecen completamente fuera de lugar e incluso, de mal gusto. La tragedia que vivió él , yo no  la deseo vivir como para saber cómo actuaría en su lugar, y no la comparo con otras tragedias, que no poseo el tragediómetro. Todo lo que haya hecho el Dr. Canessa para salir adelante con su vida  me merece respeto, y al mismo tiempo, no le concede  salvoconducto para opinar  cualquier cosa sobre cualquier tema. Si él usa su pasado en la cordillera como argumento en su favor, me parece mal, pero me parece también lamentable  usarlo en su contra. Hay que contestar sus dichos por lo que contienen, no por su historia personal.

4.      Los derechos constitucionales deben garantizarse a todo ciudadano. Así, todo ciudadano tiene derecho a una vivienda, a  atención de salud, a educación, a ser respetado en sus diferencias y peculiaridades, a ser valorado pura y exclusivamente por sus capacidades y talentos. Me da la impresión que entre la Constitución y la realidad hay un considerable margen, que no es en Carrasco Sur donde tiene su mayor divergencia.

5.     Me da la impresión que en muchas expresiones de la referida protesta hay manifestaciones del tipo “que le pase a los pobre es normal, pero a nosotros no”. Esto se llama desprecio clasista, y es una manifestación que aísla e insulariza a quien la pronuncia.

6.       Desde que el mundo es mundo el que menos tiene va a robar a la casa del que más tiene. Yo recuerdo cuando en los 80’s comenzaron a pulular rejas, vallados y otras medidas de seguridad en Carrasco Sur, en magníficas casas que parecen de otro país. La pobreza que se había acumulado y acantegrilado de Avenida Italia al  norte, en algunos casos excepcionales, iba a buscar revancha a dichas residencias.  Obviamente no apoyo ni avalo el hurto ni la violencia. Pero no lo hago desde su origen: la marginación, la pobreza y la flagrante desigualdad. 

        7. Connotados residente de Carrasco Sur, Punta del Este, zonas residenciales de la Ciudad de la Costa, Parque Batlle y otras regiones privilegiadas del país fueron artífices y partícipes de un colosal saqueo a la riqueza todo el pueblo uruguayo, desde 1968 al 2003. Los tiempos de la penumbra neoliberal, en la que la matriz integradora de la sociedad uruguaya estalló en mil pedazos, en que los derechos laborales, sociales y civiles de la inmensa mayoría de los uruguayos fueron completamente ignorados y vapuleados. NO hubo, en tal ocasión, manifestaciones como las que hoy hay en la calle Arocena. Eran muchas más las víctimas y de mucha mayor cuantía, eran miles de millones de dólares al año, era decenas  de miles de personas  al año, que nos llevaron a AQUEL (hoy lejano) país donde la mitad de los niños eran pobres y la mitad de los pobres eran niños
8.     
      8. El Uruguay vive desde 1968, pero sobre todo desde 1984, un proceso profundo, en la base de su matriz social, de radicalización de las diferencias  e intensificación de la lucha de clases. Antaño, un hijo de un hogar privilegiado, que desde pre-escolares hasta la secundaria estudiaba en un privilegiado colegio anglófilo o similar, al menos la llegar a la Universidad debía compartir sus horas de estudio con el hijo de una familia obrera o de un hogar humilde del interior del país. Hoy, y desde hace años, en general, sigue sus estudios en universidades privadas, donde lo que encuentra es, en una inmensa mayoría, jóvenes de su misma  extracción de clase. O sea, desde los  3 a los 30 años, el joven privilegiado vive entre jóvenes privilegiados, en una suerte de burbuja social. Su configuración mental del mundo no puede estar más sesgada. Bien puede no conocer siquiera la pobreza. Bien puede mirar a los “negros”, a los “pobres”, a los “sucios”, a los malvestidos y malcomidos como seres extraños y ajenos a su existencia, pues de hecho lo son. Cuando desde 2005 los ve recibir atención privilegiada por las políticas sociales, se indigna: “¿Cómo puede gastar MI plata en mantener “vagos”, que aquí el que es pobre es porque no trabaja?”¿Nunca oyó querido lector, la frase que acabo de escribir en una parada de ómnibus, en la calle, en un lugar cualquiera? Yo la escuché decenas o centenares de veces. Y eso, amén de una burrada, es un manifestación de odio de clase: del desprecio y abyección del privilegiado y dominante ante  cualquier emergencia del pobre y explotado. 

      9. Los vecinos de Carrasco Sur tiene derecho a la seguridad, del mismo modo que los de Manga, Ismael Cortinas o Bella Unión. Es un derecho constitucional.

10.  Los vecinos de Carrasco Sur  tienen derecho a la comida, al  techo, a la educación, a la buena asistencia médica, odontológica y psicológica, al buen nombre, a ser respetados y no mirados de reojo, del mismo modo que los de Manga, Ismael Cortinas o Bella Unión. Es un derecho constitucional. En Carrasco Sur siempre fue una realidad. En los demás casos, lo está siendo desde el 2005 en adelante y no es “gastar MI plata en vagos”, es usar los recurso de la sociedad para cumplir la Constitución, hacer un mínimo acto de reparación a tanto  y tan prolongado sufrimiento injustificable y, por añadidura, colaborar con la seguridad de todos los vecinos de todos los barrios.

11.   Los vecinos de Carrasco Sur no han sido el mejor ejemplo de conciencia de la universalidad de los derechos constitucionales antes citados. Y como se dijo, de entre sus filas ha habido quienes han dinamitado los puentes sociales y contribuido a descaecer estos derechos en  otras clases sociales. Se deberían al menos de un instante de autocrítica en lugar de declararse estupefactos ante una violencia que algunos de ellos fomentaron.

12.  Los vecinos de Carrasco Sur tienen derecho a la seguridad, lo consagra la Constitución, quedó dicho claramente. Hacen bien en reclamarlo si sienten que les falta, quedó dicho muy claramente.  Pero harían mucho  mejor, si en lugar de reiterar ante cámaras consignas elitistas, clasistas o racistas, clamaran por más salud, más vivienda, más trabajo,  más educación para todos y  trabajaran activamente por su integración social en lugar de su insularización en un micromundo. Porque su seguridad y la de todos, no es en definitiva resultado de miles de policías patrullando por doquier. Es el resultado de una sociedad más integrada, más igualitaria, más educada, más protegida y cuidada por sus propios integrantes, desde  lazos solidarios de acercamiento  y humanización y no de exclusión y explotación.  El reflejo clasista de pedir la mano dura y añorar a Don Jorge Pachecho Areco los hará, en algún momento, mudarse a un bunker. La inteligencia de apostar al Uruguay Integrado que se ha hecho objetiva y gradual realidad desde 2005 en adelante, por el contrario, algún día les permitirá vivir sin rejas y con plena humanidad.

viernes, 17 de mayo de 2013

Setenta veces siete. Contratapa EL POPULAR. 16/05/2013


Ruben Isidro Alonso, más conocido como “Padre Cacho”, es recordado por su vivencia con y entre los clasificadores de residuos, desde que se instaló en 1977 en  la Parroquia de los Sagrados Corazones, en la zona de Aparicio Saravia, hasta su fallecimiento en 1992. Momento en el cual una conmovedora y larguísima caravana de carritos acompañó a otro muy humilde carrito, que llevaba su féretro envuelta en la bandera uruguaya, hasta el Cementerio del Norte. Aún recuerdo esas impactantes imágenes que mostraba a las claras la existencia de ese “otro Montevideo”, que durante décadas no formó parte del mapa político rosado más que a la hora de pedir el voto.

 A Cacho se le atribuye una anécdota singularmente ilustrativa.

 Como es obvio, su trabajo ayudando a cobrar conciencia de su dignidad personal  a jóvenes eternamente marginados, a organizarse en cooperativas y pensar como comunidad, le ganaba enemigos de diverso pelaje. Y según se relata, una vez apareció en su comunidad con los ojos  muy morados, incuestionable legado de una golpiza. Algunos de los presentes le reclamaron  que se defendiera, que cuántas veces era capaz de perdonar a los agresores que le habían atacado para seguir adelante como si nada. “Setenta veces siete” contestó el cura Cacho.

La cifra no es casual: según el Evangelio según San Mateo 18, 21-35, al ser preguntado por Pedro sobre cuántas veces se debía de perdonar a quien ofendía, Jesús de Nazaret contestó: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Más allá de la simbología bíblica de la cifra siete, la expresión “setenta veces siete” es, debidamente situada en la época y contexto en que fue usada, referencia a una cifra enorme, inconmensurable.

Una lectura posible de estas expresiones transcurre en torno al concepto del perdón, que  ha sido manoseado y ultrajado para transformarlo en manto de cobertura de atrocidades. El perdón en el cristianismo juega un rol medular, pero bien entendido no tiene nada de un “vale todo”. El propio Nazareno corriendo a los mercaderes del templo, habla de que el perdón cristiano no es conformismo cómplice y resignación inmóvil. Además, en la misma doctrina de marras, quien perdona es el agraviado, y ningún ser humano puede conferirse el derecho de perdonar las ofensas que sufrió otra persona. Estos  simples apuntes bastan para separar el perdón cristiano, acto personal y de conciencia, del perdón sanguinettiano, acto político y de conveniencia de los mecanismos de defensa de las clases dominantes.

Sin embargo, prefiero leer “Setenta veces siete” bajo otra clave, o en torno a  otro eje, de mayor universalidad quizás que el del perdón cristiano, un eje en torno al cual ya no cristianos genuinos, sino todo aquel que anuncia y persigue una sociedad nueva y más humana, puede encontrarse convocado. Me refiero al de la perseverancia.

Hemos dicho que toda Revolución es un profundo  acto de amor. Amor en serio, no cursilería barata made in Hollywood. Amor que a veces es grito, a veces es sudor y sangre, pero nunca deja de ser amor.  Y como tal, es un acto de suprema perseverancia.}

Pensemos en el plano personal: si usted realmente ama a alguien (un hijo, un hermano, una pareja, etc.)  y lo ve perderse en un camino equivocado… ¿cuántas veces intentará rescatarlo, lograr que se dé cuenta de su error y cambie de actitud?  Seguramente Setenta veces Siete. Si Usted ama a alguien que se ofende por alguna  opinión suya en una discusión y  que no quiere ni dirigirle la palabra… ¿cuántas veces intentará recomponer el diálogo y que surja la comprensión mutua? Seguramente Setenta veces Siete.

Los actos de amor colectivo, el compromiso con “el otro” o con “el compañero”, no escapan a esta lógica ¿Cuántas detenciones, represiones, abusos, soportaron los fundadores del sindicalismo en nuestro país, de los partidos de izquierda, o más cerca en el tiempo, de la CNT, del FA? ¿Cuántas veces se levantaron tras cada golpe para volver a izar banderas, cada vez un poco más alto y conquistando alguna adhesión más? Setenta veces siete y me quedo corto.

La única opción política que ofrece resultados a corto plazo es la complicidad con el poder, el volcarse a la diestra, al servicio del poder fáctico. Porque se destruye el aparato del Estado bastante rápido, se destruye la seguridad social en un santiamén, se destruye la economía liberalizando y vendiendo hasta las tuercas en un suspiro. Pero construir y sobre todo re-construir, no es para ansiedades cortoplacistas.

El militante de izquierda está empeñado en una aventura en la que se caerá y levantará setenta veces siete si quiere acercarse a su objetivo. Sufrirá ansiedad y desasosiego, muchas veces. Pero el militante debe perseverar. Debe superar la natural expectativa  y apuro por ver los cambios, en pos de la persistencia que haga posible que los cambios sean reales e irreversibles y no simple flor de un día.
Al vecino, a la persona no particularmente politizada, no se le puede pedir esa perseverancia y para ellos el militante siempre debe tener a mano tres o cuatro ejemplos claritos de cambios concretitos, palpables, para marcar las diferencias entre el antes y después del  FA.

Pero el militante hoy está siendo presa de una enorme y evidente campaña de desmoralización,  tendiente a bajonearlo, a sacarlo de su cauce. A mostrarle realidades como consumadas e inapelables, como  semimágicas e inmutables.

En lugar de bajonear, esto debe estimular la revisión crítica de qué tan inmutable es la realidad. Y si la Revolución no está a la vuelta de la esquina, pero un poco mejor es posible distribuir la riqueza mediante un par de medidas concretas, pues a por ellas hay que ir, sin inmutarse (valga la paradoja) por si hay que insistir setenta veces siete para ser escuchados. Y debe reafirmarse en la convicción de que si la derecha logra resultados a la corta, a la larga se autodestruye, mientras que la izquierda, a la larga, construye y sobre nobles cimientos, pero si y sólo si mantiene su apego a la perseverancia, a la disciplina que no es seguidismo sino actitud convencida, que brota desde la médula,  de apego a los principios y al valor del pensar y trabajar desde un colectivo.

Alguien, por distracción o picardía, podría leer estas palabras como una suerte de llamado a la resignación. Bien por el contrario, es un llamado a rechazar el bajón y el “no se puede”. El repasar lo que se ha podido (Consejos de Salarios, records de ocupación, récord afiliación previsional, Hospital de Ojos, derechos para trabajadores rurales y domésticos, etc., etc.)  y , en los temas donde no se ha podido aún,  ir a por dos o tres puntos concretos de inmediato. Y guardando siempre clara visión y convicción de que la izquierda no obra con varita mágica sino con la rebeldía y el fuego sagrado de la búsqueda de justicia, aunada a la perseverancia indoblegable de la clase trabajadora y sus organizaciones. Que han conocido todos los avatares imaginables, pero llevan un siglo de acumular fuerzas y obtener conquistas, nunca linealmente, nunca de buenas a primeras. Siempre dispuestos a  protestar, proponer  y reintentar setenta veces siete. No por complacientes y comedidos, sino todo lo contrario: por revolucionarios, que revoluciones solubles e instantáneas, hasta la fecha, no se conocen.

jueves, 9 de mayo de 2013

Y porque amor no es aureola. Gonzalo Perera. Contratapa de EL POPULAR, 10 de mayo del 2013


En varias voces, los versos de Don Mario en “Te quiero”  han estremecido generaciones…” Y porque amor no es aureola, ni cándida moraleja”….  Las palabras van entrelazando poco a poco  el amor de pareja con otra forma de amor, que es la del compromiso militante, la de la lucha codo a codo.  Que nunca debe olvidarse, aunque requiera puños apretados y en alto, no es  sino un enorme acto de amor. Amor al prójimo. A TODOS los prójimos.  Amor sereno, amor perseverante, amor indignado. Pero siempre amor. Y por ello jamás indiferente:

1)      A nuestros trabajadores, los que ponen el lomo al crecimiento del PBI, pusieron la sangre contra la dictadura y el hambre durante el jolgorio neoliberal. A su lado, con sus lúcidos y claritos pronunciamientos. Los que llaman a que, sin desconocer que mucho ha cambiado, debe haber – al menos cada tanto- también fiesta en su mantel. Que “redistribución de la riqueza” no es una métrica intrincada para mentes exquisitas. Es lo que se come, lo que se lee, lo que se viste, y como se vive en la casa del laburante. Que tenemos Consejos de Salarios por rama de actividad. Que el trabajador rural y doméstico ya no son esclavos y son sujeto y objeto del Derecho.  Muy bien.  Pero que, si el amor se distrae o adormece, bien  se puede volver atrás. Pero más aún: si el amor no se vigoriza, avanza y enreda  a fondo en las raíces mismas de la clase trabajadora, quedarán muchas deudas de décadas sin laudar. A los que demasiado tiempo sufrieron, es hora de que se proteja aún mucho más su derecho a disfrutar de la riqueza que han generado y generan. 

2)      A nuestros hermanos de la región. De  los que nos separaron diferencias  inventadas por las diplomacias imperiales o a veces, nuestra arrogante ilusión de ser los más europeos de América, como  si fuera blasón Salsipuedes. O motivo de orgullo el haber intentado amputar la memoria del gran y multicolor pueblo que marchó a la Redota con el Karaí Guazú, Don José Gervasio Artigas. Amor a  los presidentes que conducen pueblos y buses, a los que la derecha global y local pretende desconocer con el mismísimo sustento con que celebra el triunfo  regional de un hijo dilecto de la más rancia oligarquía, en un genuino paradigma de la falacia y la inconsistencia lógica.


3)      A las mujeres, fundamentalmente gurisitas  y pobres, que antes de saber qué  rumbo puede tomar su vida, ya albergan una en SU vientre, a menudo fruto de la mala información, del descuido o de la presión social, a menudo lindera con la violencia descarnada. Durante décadas,  una chica involuntariamente embarazada, si tenía apellidos esdrújulos y bien nutridas cuentas corrientes en la familia, se liberaban del “problema” con excelente asistencia, pagando los diligentes servicios a precio de oro. Mientras tantos, sus iguales por derechos constitucionales, pero en la realidad pobres y sin privilegios, se exponían a prácticas que arriesgaban sus mismas vidas. Hoy, por primera vez , ante una situación que NADIE desea y se debe evitar,  una y otras empiezan a ser tratadas humanamente, para decidir por sí mismas y con la debida asistencia en cualquier escenario. Unas y otras. No sólo algunas. Caben muchas opiniones al respecto y todas son de respetar, pero  vaya si merece esmero el consagrar el fin de décadas de hipocresía, en la que la  chica pudiente elige y la pobre está condenada. Un genuino y  gran acto de amor. Pues  parte de  ponerse en los zapatos de la otra, para sentir con ella y desde su lugar.

4)      A los gurisitos de nuestra Tierra. De los cuales una ínfima proporción, formados en la escuela de la violencia sistémica del mal vivir fruto de carencias materiales y de afecto completamente elementales, se interna en los lodazales de la violencia y la “plata fácil”. Una ínfima proporción, que no puede de modo alguno auspiciar la criminalización y el dedo acusador hacia la inmensa mayoría que jamás le tocó un dedo a nadie, ni se quedó con ningún vuelto.  Y que no puede ser usada por quienes propiciaron las privaciones de todo tipo que  engendraron las excepciones, como trampolín para la conquista de un voto más

5)      A los que dejan el alma por defender su tierra, sus hermanos, sin agredir ni invadir, sólo tratando de evitar el atropello, la barbarie, el verdadero acto terrorista  y desalmado, destinado a segar vidas civiles y completamente inocentes. Como René, ya liberado. Pero quedan CUATRO razones más para seguir reclamando para que en el autoproclamado faro de la libertad y el derecho, notoriamente con severas fallas en su sistema eléctrico y a oscuras desde hace décadas, se deje en libertad a los hijos de Cuba que sólo cometieron el pecado de velar por los hijos de todo el mundo  que visitan la isla.. Cuatro razones y corazones llenos de amor a su tierra, a su gente y a las gentes de toda la Tierra que visitan su casa, por quienes todo arriesgaron y jamás violaron genuina norma alguna.

6)      A los pasitos cortitos, que buscan  en el recorte del tranco la seguridad necesaria para caminar. A nuestros mayores, como mis viejos, siempre presentes en mi interior. Desde los cuales trato de imaginar a todos nuestro mayores, que quizás caminen a tranco lento o entrecortado, pero muchas veces son el principal surtidor de palabras serenas y sensatas. Cuyos fondos aportados en una vida de trabajo no pueden ser manantial de ganancias astronómicas para unos pocos, sino fuente de una solidaria y colectiva retribución a toda su contribución a la sociedad.

7)      A los ojos deslumbrados, aquellos que ya no veían casi nada  y no soñaban con volver a apreciar matices y colores, porque no tenían ni en sueños los necesarios dólares (que ni pesos eran). Los que de la mano de la hermana Cuba, de la hermana Venezuela y de algunos corajudos de nuestra Tierra, contra fuertes intereses corporativos,  hicieron nacer el Hospital de Ojos. Y cual relato bíblico de la obra del Nazareno, “abrieron los ojos, y vieron…”

8)      A los pasitos tambaleantes de los gurises sin cobertura de salud, de los nacidos para no tener jamás una computadora si no fuera por medio del hurto y que en cambio han crecido en los últimos años con una ceibalita en sus manos , armando animaciones, jugando a la Geometría y sabiendo que están, que son parte del mundo digital.  Con las críticas que caben y sin exageraciones disparatadas. Que no disminuyó la brecha entre ellos y los hijos de los hogares más pudientes, porque en este mismo tiempo en los hogares más recoletos, niños de igual edad vieron multiplicar sus posibilidades tecnológicas de manera alucinante. Pero sí hay mucho más inclusión digital, y esto marca  la diferencia entre estar y no estar, entre mirar la tecnología con la ñata contra el vidrio o entrar a ella. Con Centros MEC  en todo el país enseñando, potenciando, integrando la alfabetización digital para todas las edades. Menudo acto de amor, si los hay.

Habrá abundantes cantos de sirena en los meses venideros, querido lector. Habrá sanas discusiones y de las otras. Respetables discrepancias y pretextos para la protección del interés personal de clase, corporativo o personal.

Pero en el fondo, hay una opción que lleva a mejor futuro. Apostarle a pleno al amor, con el máximo respeto, sin ninguna claudicación.

Porque amor no es aureola. Son gestos, son hechos, reciprocidades, estar cuando hay que estar y asumir el dolor ajeno como propio, ni más ni menos, aventando fantasmas y angelitos, humanizando y dignificando la vida, desterrando de plano el brutal egoísmo,  la simple y triste cándida moraleja.

sábado, 4 de mayo de 2013

La imagen y el discurso del poder. Gonzalo Perera. EL POPULAR, Viernes 3 de mayo del 2013.


Durante al menos 24 horas, rechacé lo que casi todos los portales informativos vinculados al poder hegemónico,  internacionales y locales, ofrecían bajo títulos espectaculares, por intuir su estilo. El video en cuestión: imágenes tomadas desde un automóvil circulando en una ruta, de la caída de un avión “cargo” (anglicismo por “de carga”), en las cercanías de Kabul, Afganistán, en el cual la totalidad de su tripulación (8 personas), falleció. Finalmente, preparando esta nota, resolví mirar y juzgar. Lo que vi, tristemente confirmó la intuición. Las imágenes muestran un enorme avión realizar  extraños virajes y comenzar un violento tirabuzón de descenso que culmina en su derrumbe cerca de la carretera, con inmensa explosión. Escasos segundos de una tragedia completamente espantosa.

Es necesario preguntarse por el sentido y  valor informativo de estas imágenes. No cabe duda que para los investigadores de las razones del accidente, este material pueda ser una muy valiosa ayuda ¿Pero qué aporta al público en general? Una ocasión privilegiada para ejercitar el morbo  y regar con una gota más el proceso de deshumanización de “la noticia”. Punto.

Las 8 personas que fallecieron en el accidente de marras, para los grandes medios son nada más que un dato que exacerba el dramatismo de los escasos segundos de imágenes catastróficas, que constituyen el único centro de atención. El foco está en la espectacularidad de la imagen y no en los 8 seres humanos que están detrás de las imágenes, como presencias necesarias (sin muerte no hay morbo) pero irrelevantes e ignoradas. Tan ignoradas que se olvidan por completo algunos  derechos muy básicos. En tiempos en que la legislación internacional vive un proceso de expansión de leyes de habeas data o protección de datos individuales, algo tan tremendo y evidentemente reservado como las imágenes de los últimos instantes de vida de 8 personas, circulan en el mundo entero en primer plano. No es tremendismo, sino estricta lógica, imaginar a algún hijo de los 8 tripulantes viendo en Internet  o TV cómo murió su papá. O escuchando los comentarios de sus amigos sobre las imágenes. Y viéndolas una y otra vez durante 48 horas, hasta que las imágenes y “la noticia” desaparecen por completo. Y el papá ya no importa más.

En realidad nunca importó. Importaba la imagen espectacular y verídica, con muertes certificadas. Pero la persona que murió, no interesa. Como no importan sus hijos, esos que crecerán teniendo como imagen de sus padres los recuerdos íntimos, algunos datos de su trayectoria como trabajadores de la industria del transporte aéreo, y la imborrable imagen de la caída de su avión ¿Qué consecuencias podría tener sobre el desarrollo psicológico de un tal hijo esta manipulación del morbo colectivo? Imposibles de predecir. Un acto ya no de dignidad o de ética profesional, sino de decencia mínima, como el detenerse a pensar en los efectos de la circulación masiva de esas imágenes sobre las familias de las víctimas, seguramente habría conducido a no difundirlas masivamente, que nada de relevante aportan al colectivo y a  algunos seres humanos les refriegan su tragedia en el rostro.

Se dirá, a modo de excusa, que nunca falta un idiota dispuesto a subir cualquier contenido a sitios como YouTube, donde cualquier internauta puede verlo. Pero puede verlo si lo busca y cuando lo busque. El que los portales informativos lo pongan en primer plano hacen que casi todo el mundo lo vea, aunque no lo busque. La actitud de los medios transforma  el contenido morboso que algún idiota podría poner a disposición de algunos perturbados , en una presencia abrumadora en todo el mundo, a la que hay que evitar expresa y esforzadamente. Transforma la excepción morbosa en imposición global. Hace de lo  lindante en la patología, un elemento esencial y troncal del discurso dominante: la  contemplación de la tragedia del otro, ese otro que es sujeto omitido, usado y completamente descartable. En la “civilización occidental y cristiana”, hipotéticamente basada en la noción del “amor al prójimo”, “el otro” es una no-persona, mero relleno del avión que explota, del barrio que se inunda o del edificio que arde en llamas.
Si “el otro”, ese trabajador esa persona como Ud. y como yo, querido lector, fuera considerado ya no un “prójimo” sino apenas una persona, “la noticia” hegemónica, siempre fugaz, parcial, flechada, descontextualizada, descarnada, idiotizante, regada de verdades a medias, frivolidades y vaticinios pseudo-expertos, sería una especie en riesgo de extinción.

Personas son, en el discurso hegemónico, una monarca que abdica en favor de su hijo. Una modelo que se desintoxica. Un cantante que publica en twitter una frase ofensiva. Un futbolista que una vez mordió.  No los trabajadores. Ni siquiera el 1 de mayo, vale enfatizar. No importa el momento, no importa el contexto, la concatenación con otros datos y hechos,  ni el confrontar seriamente- sin desvirtuar- los discursos alternativos o el sopesar las consecuencias de “la noticia”.

Y sobre todo, poco y nada importa el trabajador, el protagonista cotidiano de la Historia, el hacedor de sociedades por encima y más allá de reyes, papas y patrones. Trabajador que debe ser no-persona para que la anestesia de morbo y frivolidad pueda inyectarse en abundantes dosis. Trabajador que debe ser no- persona, para poder explotarlo sin remordimiento.

Los contenidos que vemos en los medios hegemónicos, incluso en pocos segundos de imágenes catastróficas, es el más veraz manifiesto de la filosofía y reglas operativas del sistema, al que sostienen, moldean y decoran, con la enajenación y alienación de las grandes masas como fin.

Tanto así, que la imagen, hipotéticamente propiedad del  protagonista o retratado, es exclusiva y plenamente, vehículo privilegiado del discurso del poder.

Tanto así, que no hay cambios reales y profundos en ninguna sociedad que no alteren sustancialmente  quién decide qué imágenes se hacen masivas.

Revolución es cambiar la estructura y relación de poder en una sociedad. No se puede transmitir “en vivo y en directo” ningún proceso revolucionario o de profunda democratización en la misma pantalla que sirvió por décadas al poder establecido, lo edulcoró, protegió y defendió agresivamente  en los momentos de mayor tensión.

La imagen, el derecho a hacerla masiva, su hegemonía y contralor, no son cuestión tecnológica ni jurídica. Son una de las mayores cuestiones políticas. No se trata de Internet o broadcasting tradicional, medios virtuales o en papel. La tecnología poco a poco ha llevado a un mismo medio de transporte a la inmensa mayoría de los contenidos, pero no determina quién tiene derecho a generar y decidir lo que se transporta. La discusión jurídica o legislativa puede  pautar los marcos adecuados para dirimir quiénes son estos privilegiados actores y bajo qué reglas deben operar. Pero la decisión de a qué actores y proyectos se le abren las puertas y se deja pasar, en el plano tecnológico, jurídico, cultural o económico, es una decisión política.

Porque se trata del poder. Se trata de la imagen y su sentido. Se trata de que o bien todos somos personas  o bien algunos privilegiados son personas y otros, las no-personas necesarias para rellenar la tragedia y aumentar la plusvalía, sujetos eternamente omitidos en la narración dominante de la Historia.