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sábado, 29 de septiembre de 2012

Artemisa, libertad de expresión, ética literaria y Charles Manson. Gonzalo Perera

Disculpe querido lector por empezar por una pequeña autoreferencia, pero que viene al caso para asentar un punto crucial y no hay mejor manera de hacerlo que desde la propia experiencia.

He escrito mucho en mi vida y lo sigo haciendo. Artículos de investigación científica, columnas de opinión política, columnas de análisis socio-económico, columnas de humor, ensayos, tesis,  libros de todos los tenores aludidos y hasta algún guión de obra de teatro o letras de piezas musicales que llegaron a ser presentadas públicamente. Una larga historia llena de palabras, pensamientos y sentires- buenos, malos, regulares, compartibles, no compartibles- que empezó a los 12 años, se intensificó a partir de los 17, y se hizo intenso hábito en la última década, pasando por diversas publicaciones en papel, electrónicas, por diversos países y hasta diversos idiomas. No podría dar un número global de cuánto he escrito, pero no tengo duda que es mucho (bueno o malo, insisto que eso no lo juzgo yo, sino los demás).

En esa experiencia de mucho escribir, me tocó hacer carne propia también al NO escribir muchas cosas. Porque antes de escribir, uno se pregunta ¿Vale la pena?¿Aporta? ¿No tengo algo mejor y más edificante para este momento? Muchas preguntas que hacen a algo que se llama responsabilidad  o, más concretamente, ética. La ética de quien empuña la pluma, la ética del escriba, la ética literaria.

No me pongo a mí mismo como modelo de nada, y en particular no me pongo como modelo de ética en ningún plano, por lo cual no me considero referencia sobre ética literaria. Pero al menos sé que existe.

Y sé que existe porque he podido publicar algún libro que incendiaba la pradera, que generaba escándalo seguramente y por ende que muy factiblemente fueran éxitos de venta y decidí libérrimamente no hacerlo, porque entendí que era mejor aporte  para mi comunidad escribir otras cosas, mucho menos taquilleras. Porque he tenido columnas enteras terminadas para enviar a diarios o semanarios y antes de apretar el "enviar", las borré por completo y empecé de nuevo, desde cero a escribir sobre otro tema, porque sentí que no estaba siendo fiel a ese sentido de responsabilidad con lo que había escrito. Más aún, pronto verá la luz un libro que fue escrito tres veces. Eso significa que fue terminado dos veces y borrado para empezar de nuevo, por cuestionamientos internos sobre la propiedad y legitimidad de algunos enfoques, lo cual hizo que recién en el tercer intento llegara a lo que me parecía que valía la pena compartir.

Más allá de la racionalidad propia a mi profesión de matemático, en general escribo "desde las tripas", de manera apasionada, y muchas veces el motor de la escritura más que una idea, es un impacto sensible. Sin embargo y pese a ello, varias veces y frente a muchas horas (o meses) de escritura de sangre caliente, más de una vez ha aparecido el "NO, ESTO QUE ESCRIBI NO LO PUBLICO" por considerar que no era lo más adecuado o el mejor aporte que podía intentar hacer en ese momento y contexto.

Las editoriales son instituciones, en general, de carácter literario-comercial, usualmente  con fines de lucro. A veces con componentes ideológicos o de estilo, de afinidad, muy definidos. Nada de ello es pecaminoso en la sociedad en que vivimos. Guste o no guste, es legal y legítimo que una editorial decida. elegir publicar un libro que promete mayor rentabilidad o con el que se tiene mayor afinidad política. A priori una tal decisión  no transforma a un editor en un exiliado de la Etica. A priori, insisto, son opciones legales y legítimas. Pero dejan de ser legítimas- y cabe la duda  si son legales, pero en tal materia quien debe opinar no soy yo- cuando saltan alegremente todas las vallas del cuestionamiento ético y autocrítico para, por interés comercial o afinidad política, decidir publicar lo absolutamente IMPUBLICABLE, por hacer alegato y promoción del terror desenfrenado .


Naturalmente, "la libertad de expresión" es el refugio de todo editor para publicar lo que sea. "Yo publico pero no obligo a nadie a leer, el público decide", es la frase de rigor. Gastronómicamente, sería equivalente a un restaurant que ofrece en su menú sendos platos de mierda "Yo sirvo y vendo mierda, pero el público es libre de no comprarla". Pero con la adecuada publicidad, toda estadística indica que habrá muchos que coman mierda si mierda les ofrecen con buen marketing. Y eso es terriblemente nocivo para la salud. Por eso a ningún restaurant se le permite vender mierda (aunque algún fast-food hace fuerza para aproximarse) y  eso no es un recorte a la libertad poblacional, sino una elemental norma de higiene y cuidado sanitario. Volviendo de la mierda a los libros (asumiendo que corresponda la diferenciación), dentro del público literario hay quien sostiene un discurso muy "naive": ciertas inmundicias conviene leerlas porque "hay que conocer al enemigo". Inocencia de Inocencias, olvida que no es para uno que escribió "el enemigo", sino seguramente para otros destinatarios muy precisos, muy bien elegidos, y con una intencionalidad muy clara, como veremos en un caso concreto.

Pero vayamos por partes. Como primer punto, la libertad de expresión no puede amparar la publicación de materiales que lesionen de manera grosera la sensibilidad de personas que han sido víctimas de barbaridades, que sean además una incitación abierta al delito, a la crueldad, a la maldad descarnada.

El 9 de agosto de 1969, y a apenas dos semanas de dar a luz, la actriz Sharon Tate, de apenas 26 años de edad, esposa del cineasta Roman Polanski fue salvajemente asesinada, junto a quienes la acompañaban en una recepción en su lujosa casa de Bevrely Hills, por los integrantes de la "familia" o "clan Manson" un conjunto de individuos en notorio estado de delirio, en parte producido por desequilibrios psíquicos graves, en parte por consumo masivo e intensivo de potentes alucinógenos. A esos crímenes siguieron otros, hasta que de manera casi casual (un comentario jactancioso de una de las integrantes del "clan" al haber sido apresada por un falta menor), Charles Manson y su seguidores fueron capturados y objeto de un proceso judicial prolongado a histórico, que dio lugar a su reclusión perpetua. Charles Manson tenía no una, sino varias explicaciones para justificar sus atrocidades: creía en el advenimiento de una guerra racial, que pretendió acelerar mediante el asesinato de blancos adinerados; sostenía que serían grupos como "The Black Panthers" quienes ganarían la guerra, pero que  a su racista juicio eran incapaces de gobernar la sociedad, por lo que estaba convencido que se volverían hacia él para que los condujera . En permanente pose de gurú, recurriendo tanto a alusiones cristianas como satanistas, a la cruz y a la svástica, Manson creía además que The Beatles, y en particular su tema "Helter Skelter"  le enviaban mensajes orientando su accionar. Charles Manson tenía su teoría para explicar acciones  como las 16 puñaladas a una embarazada a punto de parir, que según los partes forenses, 5 ya eran mortales. Incluso algunos pasajes de su delirante discurso de autodefensa, cuando se centra en cuestionar el sistema y el poder instalado, son hasta compartibles. Pero cuando rápidamente abandona ese cauce y todo viso de racionalidad para ir al terreno del franco delirio y cuando, sobre todo, se contrasta toda palabra pronunciada con la infinita y demencial crueldad que exhibió y promovió, es imposible no sentir náuseas de asco.

En USA casi cualquier cosa es publicable. Si bien algunos de los integrantes del "clan Manson" publicaron algún libro y si bien alguna gran cadena de cable realizó un par de entrevistas televisivas ( a fines de los 80´s y en los 2000) a Manson (quien se mostró en un estado de completo y total delirio, no respondiendo prácticamente nada coherente), ningún editor de los USA se atrevió a brindarle 600 y picos de páginas a Charles Manson para que pretendiera justificarse, para que le preguntara al lector que hubiera hecho en su lugar vista la (sólo existente en sus delirios) inminente gran guerra étnica o para que criticara a Sharon Tate a quien una de sus seguidoras le practicó una improvisada cesárea a puñaladas, para tomar en sus manos y ver  de cerca el feto muerto. Nadie en una sociedad que conoce niveles de enfermedades culturales,  de socio y psicopatías extremadamente violentas como la de USA, osó prestar sus imprentas para semejante "testimonio". Porque sería demasiada afrenta a la sensibilidad colectiva, a los familiares de las víctimas y porque sería una peligrosa incitación a que otras mentes muy perturbadas y sumidas en el rencor delirante, tomaran de sus palabras referencia e inspiración.

José "Nino" Gavazzo es un sujeto bastante peor que Charles Manson. Es sin duda, como dice mi amigo, compañero y periodista Gabriel Mazzarovich, uno de los mayores "serial killers" de la Historia del Uruguay. En eso se parecen Gavazzo y Manson. Pero se diferencian en varias cosas, todas favorables al terrible Charles Manson, a saber:

i) Charles Manson y su clan actuaban "por la propia", bajo su cuenta y riesgo. Gavazzo y demás secuaces eran funcionarios del Estado, a los que todos los ciudadanos les pagamos el sueldo toda su vida para defendernos de agresiones o peligros, y que en cambio se dedicaron a violar, torturar, asesinar, desaparecer compañeros, familiares, amigos o a secuestrar sus bebés y separarlos de la familia y de su propia historia personal.

ii) Charles Manson no robaba más que lo que circunstancialmente necesitaba, el móvil económico no parece haber incidido en sus crímenes. Citando a otro amigo, compañero y periodista, Néstor Curbelo Varela, quien escribiera en Caras y Caretas sobre Gavazzo en el año 2005, por ejemplo, es evidente la particular saña con que Gavazzo torturó a quienes podían tener información sobre los fondos que se suponen obraban en poder de algunas organizaciones políticas. Fondos de los que jamás se supo, como tampoco de los compañeros salvajemente torturados para sacarles información al respecto. En ese sentido, como apuntara Néstor, a su condición de torturador, Gavazzo suma la de un vulgar ladrón de gallinas, capaz de todo por un poco de plata. Manson actuaba en función de su delirio; en cambio, más allá de los delirios de Gavazzo sobre los "actos de guerra" (ocurridos en 1976 y aún más tarde, cuando las Fuerzas Armadas culminaron sus acciones militares contra el MLN-T en 1972),  el "Nino" parecía estar muy lúcido y con los pies en la tierra cuando lo que buscaba era simplemente saber dónde estaba la plata.

iii) Charles Manson enfrentó a la justicia e incluso asumió por momentos su autodefensa, haciendo de su juicio todo un evento. Gavazzo escapó a la justicia tanto como pudo, cobijándose bajo las faldas de la ley de impunidad. Las leyes que supo avasallar- todas y cada una - cuando tuvo un poquito de poder en sus manos, fueron la cucha donde se guareció cuando quedó expuesto a responder por sus culpas. Cuando enfrentó a la justicia, Manson confesó sus crímenes, que intentó justificar en sus delirios, pero al menos los reconoció. En cambio Gavazzo cerró la boca y negó toda información, obstaculizando tanto como pudo el accionar judicial.

Manson era un psicópata y sociópata enfermo de rabia y violencia. Gavazzo un bizarro combo de terrorista de Estado, ladrón de gallinas, fugitivo de la justicia y de su propio pasado.

Si en USA nadie se atrevió a dar 600 páginas y pico a un Charles Manson para hacer una morbosa exposición de sus "logros", y Manson al lado de Gavazzo es simplemente un principiante, en una sociedad impregnada por los valores de la jurisprudencia latina, mucho menos proclive a justificar todo por el lucro, debería ser imposible que ningún editor se atreviera a editar las excrecencias literarias de Gavazzo.

Sin embargo, la Editorial Artemisa, dirigida por el Sr. Rodolfo M. Fattorusso se ha prestado para caja de resonancia de esta burla al derecho, a la sensibilidad y a la civilización. El afán de lucro desmedido- el morbo vende- puede ser una explicación. Pero puede haber otras.

A fines de 1924, un triste cabo austríaco, veterano de la Primera Guerra Mundial, iniciaba en la prisión de Landsberg la escritura de su obra magna "Mein Kampf". En la misma, este tal Adolph Hitler, con la- curiosa coincidencia- colaboración activa de un Rodolfo (Rudolph Hess, que le ofició de escriba) destilaba su más rancia judeofobia y sus odios más encendidos, anunciando sus planes expansionistas y exterminadores, justificándolos ( es curioso,anoto al pasar, como todo gran asesino busca alguna forma de justificación de sus actos) en una reconstrucción de la historia y mitología germánica totalmente "á la carte".Aprovechó también la oportunidad para proclamarse líder del movimiento de "renacimiento alemán" y no se escatimó elogios, equiparándose incluso al Übermensch de Nietzche (habitualmente llamado "superhombre").

Es bien posible que aunque en 1925 nadie hubiera editado por primera vez este tratado de la ignominia, el futuro Führer igual llegara al poder. U otro personaje tan oscuro como él, y que la Segunda Guerra Mundial, la Shoah, y demás atrocidades cometidas por los nazis, igual se hubieran desarrollado. La Alemania orgullosa portadora de una gran tradición nacionalista y militar, sometida a condiciones leoninas por el Tratado de Versailles y que tras el desplome de Wall Street supo de gente quemando billetes de marcos en las calles para calentarse las manos- pues su moneda nada valía- estaba objetiva y subjetivamente preparada para recibir un mensaje que revitalizara su autoestima a cualquier costo y le permitiera canalizar la rabia contenida hacia alguien. Y obviamente, un programa económico de fuerte incentivo a la industria pesada al servicio del complejo militar, generando muchos puestos de trabajo y revitalizando el mercado interno, debía ser recibido con beneplácito por buena parte del postrado pueblo alemán.

Pero es incuestionable que "Mein Kapf" ayudó y mucho a divulgar el veneno nazi en  Alemania y en el mundo, y que mejor habría sido que ni tan sólo una página de ese genuino  tratado del odio saliera jamás de una imprenta.

Citando nuevamente un certero apunte de Néstor Curbelo Varela, es bien plausible que el texto de Gavazzo tenga como destinatario fundamental la joven oficialidad militar y apunte a ser tema de conversación obligado en los casinos de oficiales de todas las unidades militares. Gavazzo minimiza sus atrocidades y las inscribe en el marco de "actos de guerra" (no había acciones militares en el Uruguay tras la caída del MLN-T en 1972 y los peores crímenes de Gavazzo son de 1976 y años posteriores). Pero más aún, dirigiéndose a un lector que todos imaginamos civil pero bien puede vestir de verde, no sólo le pregunta que habría hecho en su lugar sino que le explica que no se podía hacer otra cosa y que la tortura se hizo, se hace y se hará cuando se trata de un sagrada causa como el "combate al comunismo". De esta manera Gavazzo muy probablemente se esté dirigiendo a los jóvenes oficiales tratando de insuflarles nuevamente la patética doctrina de la seguridad nacional y por ende, haciendo un genuino alegato en favor del terrorismo de estado.

A los jóvenes oficiales que llegaran a leer ese texto, hay que preguntarles qué arma empuñaban Walter Medina, Elena Quinterios, Gerardo Gatti, Fernando Miranda, Oscar Tassino, Nuble Yic, Zelman Michelini, Héctor Gutiérrez Ruis, Julio Castro o María Caludia Irureta Goyena de Gelman, por ejemplo. Y que entiedan que sólo les asistían dos armas: su compromiso con su pueblo y su coraje. Armas que por cierto, "Nino"Gavazzo, no posee ni poseyó jamás ni permiso de tenencia ni mucho menos de porte, en ninguno de los dos casos.

Nadie puede autoconstituírse en guardíán solitario e iluminado de la ética. Todos nos equivocamos, todos tenemos flaquezas, debilidades, malos momentos o errores. Por eso la ética es construcción colectiva y no lección de ningún impoluto erudito. Pero tan cierto como que todos podemos flaquear en algún momentos, es que muy pocos son capaces de picanear a una persona desnuda tendida en una parrilla metálica y húmeda. Y quiero pensar, que muy poco editores son capaces de prestarles 660 y pico de páginas para que se justifiquen, provoquen a sus víctimas y familiares e incluso inciten a nuevas generaciones a recorrer el mismo camino de sadismo y crueldad en el que se involucraran activamente.

Por eso, sin hacer presunciones sobre la legalidad o no de la publicación, sobre la cual la Justicia es quien corresponde que dictamine, como simple y falible ciudadano, obligado a participar desde lo que pueda aportar a la construcción colectiva de le ética de nuestra sociedad, invito a no comprar ni media página de ningún libro que tenga su origen en la Editorial Artemisa.

Porque Editorial Artemisa no sólo publica una asquerosidad lacerante para toda persona de bien, que la tortura es inmunda para cualquier persona honesta y sensata, sea del color partidario que sea. Editorial Artemisa publica una apología de la tortura, un alegato en favor de la triste y terrible doctrina de la seguridad nacional y un genuino manifiesto del Terrorismo de Estado.

Y me corresponde no sólo el derecho, sino el deber, a no financiar con mis recursos, por mínimos que sean, a quienes en su particular sentido de la ética editorial, se prestan para agentes difusores del Terrorismo de Estado. Que de eso se trata este asunto.

Ni media página a Editorial Artemisa y Terrorismo de Estado....¡NUNCA MAS!




1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. De hecho publique en mi perfil el enlace a la web de dicha editorial con mi decision personal de no comprar nada que provenga de ese lugar.

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