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viernes, 19 de julio de 2013

El trabajador, el crack y el afortunado. Gonzalo Perera.

"Mirá, mi amor, cuando yo tenía más o menos tu edad, este señor me hizo llorar de alegría levantando por primera vez la copa Libertadores para Nacional y fue campeón del mundo de clubes, fue capitán de Uruguay, jugó dos mundiales... este señor es uno de los ídolos de papá"

El autor de la frase, querido Lector, quien suscribe.La destinataria, mi hija menor, por ese entonces de apenas 5 años, que junto a su hermana miraban con ojos enormes a aquel veterano caballero, aun de firme estampa, que recibía nuestra admiración con una mezcla de alegría y pudor que no muchos hombres logran exhibir. El caballero, Luis "Peta" Ubiña.

El "Peta" falleció a mediados de esta semana, tras haber pasado varias dificultades en sus últimos tiempos. En su cajón, envuelto con la bandera de Rampla Juniors (camiseta con la que en 1964 conquistó el vicecampeonato uruguayo, algo histórico para la época) y con la  de Nacional, se iba el recio y serio protagonista de muchos duelos deportivos- y nada más que deportivos- inolvidables para mí.

Pero también, tanto como su imagen izando la copa en Lima (con camiseta cambiada: otros tiempos, otra ferocidad en la cancha,  otros códigos  afuera), vino a mi mente la condición misma del futbolista.
Ese futbolista profesional que siempre es un trabajador, que raramente es un crack y rarísimamente es un hombre afortunado y con la vida resuelta.

Sobre el pasado no cabe duda. En la entrevista que le hiciera Joselo Olascuaga, el "Peta" Ubiña narra algunos hechos que exoneran de todo comentario

"Cuando fui al Mundial de Inglaterra yo trabajaba ocho horas en una fundición; hacíamos los contrapesos para los ascensores de OTIS. De ahí me iba a la cancha de Rampla a entrenar con el Hugo Bagnulo. ¿Sabe lo que es trabajar ocho horas y que encima después lo agarre el Hugo? Quedaba muerto. Y en Rampla llegamos a estar seis meses sin cobrar. Después del Mundial pasé a Nacional. Dejé la fundición donde ganaba cien pesos y en Nacional pasé a ganar trescientos"

Los cracks de antaño, salvo contadísimas excepciones,  terminan sus días de manera extremadamente modesta y en ocasiones, con sendas privaciones.

Pero esto no es de la época del Peta, sino que se prolonga hasta hoy. Jugadores que han llenado de calidad y gloria a  varias camisetas y están en la plenitud de su vida, logran su sustento trabajando de pintores, choferes, porteros, todas ocupaciones completamente dignas, pero que claramente nada tienen que ver con la imagen del futbolista millonario que prevalece en el imaginario popular. 

Hay algunos futbolistas, trabajadores como todo los demás, que son cracks y además de ser cracks, son afortunados: y les toca en suerte el pase que "hace la diferencia", que les aporta sumas siderales de dinero, o que les hace ser protagonistas de spots publicitarios, "celebrities" de empresas, codiciados por "sponsors". En  el Uruguay de hoy, en esa categoría entran Suárez, Forlán, Cavani, Lugano, Abreu...y algunas decenas de jugadores más, que sin llegar a su nivel, han hecho una carrera en el exterior que les permite contar con medios económicos inaccesibles para el común de los mortales. Bienaventurados ellos, por cierto. Pero estamos hablando de 50, quizás 100 futbolistas que pueden mirar el futuro con toda serenidad ¿Qué pasa con todos los demás? Hay miles de futbolistas en el Uruguay, y no sólo en Montevideo, en TODO el país. Todos ellos deben entrenar, a veces  en doble o triple horario, sacrificar mucho de sus vidas personales y sociales desde la infancia, escuchar todos los fines de semanas todas las puteadas existentes y alguna que otra innovación en la materia,  arriesgarse a que una lesión traicionera les corte la carrera abruptamente o que finalmente, tras unos 15 años de trayectoria, haya que  colgar los botines y pasar , a veces , de la ovación e idolatría, al olvido y la vuelta de cara para no saludar. Y varios de ellos son cracks.  Porque NO siempre es el talento el que separa aguas. Pero no tienen la oportunidad, el empujoncito de algún dirigente, de algún técnico,  de algún "periodista", de algún empresario, de alguien adecuadamente "ubicado" que "los coloque". Cualquier futbolero puede rápidamente hacer la lista de no menos de diez jugadores que, con más talento y mérito deportivo que otros que "han hecho la diferencia",  nunca tuvieron esa oportunidad y la explicacion pasa por los vínculos, por las RR.PP. o por zonas más sombrías del acontecer humano, pero no por lo que se puede apreciar dentro de una cancha y con la pelota.

La imagen del futbolista-millonario es la que se fija en la retina popular porque es la que se reitera y promueve desde los medios, pero es la excepción y no la regla, que la constituyen quienes pasan por el fútbol con pasión y dedicación, dejando lo mejor de sí, pero llevándose muy poco más que muchos  recuerdos.

ESA es la realidad de la inmensa mayoría de los futbolistas en Uruguay. Que tienen su gremio, que tienen sus reivindicaciones, que muchas veces irritan al hincha. Pero que responde a que  no todos los futbolistas son cracks, pero sobre todo,  a que NO todos los cracks son afortunados o tocados por esas caprichosas o sesgadas "varitas mágicas"  de la oportunidad. Y a que sólo desde la protección y solidaridad mutua pueden respaldarse.

No se trata de comparar lo incomparable ni de entrar en la vieja táctica de los explotadores de  enfrentar trabajador contra trabajador. No tiene sentido comparar a un futbolista con un trabajador de la construcción o un docente y oponer unos con otros. Por el contrario hay que unirlos en su común condición de trabajadores.

Y de trabajadores explotados. Explotación en el fútbol hubo y hay, porque genera ingresos muy importantes, mueve capitales inmensos, y, visto desde el trabajador, genera enormes tasas de plusvalía. Quién explota y de qué modo lo hace cambia con los años, como en todo terreno de la sociedad. Pero la explotación sigue siendo la realidad de los más.

No discuto que haya algunos futbolistas que ganen mucho o demasiado y lo despilfarren. Conozco casos, por cierto. Pero por cada uno de ellos hay muchísimos que se rompen el lomo y generan ingresos a más de un vivo, que bajo una promesa u otra, logra usarlos hasta que termina por descartarlos.

No todas son pálidas, hay cosas positivas  a destacar. Ya en el primer gobierno del Frente Amplio se lanzó un programa de apoyo  (educativo, alimentario, material, social, etc.) desde el Estado a los divisiones formativas del fútbol uruguayo para preparar para la vida a la inmensa mayoría. Esa inmensa mayoría formada por todos los chiquilines que hacen las formativas y nunca llegarán a jugar en primera, o la de todos los que llegan a jugar en primera pero nunca serán ovacionados, o todos los que alguna vez  son ovacionados pero nunca llegarán a recibir ingresos acordes al capital que reproducen para toda la parafernalia de actividades lucrativas  que pululan a su alrededor.

Detengámonos a pensar solamente en el merchandising, por ejemplo. Cuando el Real Madrid adquiere a Zinedine Zidane al Juventus en la friolera de 120 millones de euros, en EL PRIMER MES del pasaje de "Zizou" por el equipo merengue, éste último ya había recibido utilidades por la compra- en todo el mundo- de la camiseta del club con el nombre de Zidane estampado, por 150 millones de euros. Es decir: mientras Zidane no había tirado una pared, hecho una moña o gol y aún hacía acondicionamiento físico, ya se había pagado el pase y generado un ingreso neto de 30 millones de euros para las arcas madridistas. El merchandising, los derechos de TV, los juegos de apuestas, todos los subproductos del deporte que favorecen al poseedor del derecho de imagen, de determinadas licencias, etc., generan fortunas. Y a ellas contribuyen no solo las estrellas del firmamento futbolero sino todos los que entran a la cancha, preparan, forman, etc. Pero a la hora de las mieles, son pocos los invitados al banquete y no siempre servidos en proporción a su aporte.  

Por cierto, con su programa de atención a los chiquilines que sueñan con construir su futuro en el fútbol,  el FA no ha actuado igual a como lo hicieran tradicionalmente blancos y colorados.  Porque no ha pensado en el excepcional afortunado, sino en la inmensa mayoría. Que no alcanza lo hecho, que la separación de criterios debería ser aún mucho mayor  y que lo realizado es apenas un paso, no seré yo quien lo discuta. Pero, aunque sea parcialmente, quizás muy gradualmente, en mi opinión hay algunos nuevos enfoques en el fútbol, donde en algunos temas críticos aún ni siquiera se entró, pero donde no por ello cabe ignorar lo que sí se hizo.

De mi corazón, al Peta levantando la copa en Lima no me lo roba nadie. Ni la maldita Parca. Al veterano entrañable que besaba cariñosamente a mis impresionadas hijas, tampoco. Y lo que no se le supo reconocer y devolver en vida, no hay discurso o elegía que lo arregle. Pero que su despedida sirva al menos para reflexionar. Para pensar en el laburante del fútbol. En el mundo del fútbol como juego, como deporte, pero también como escenario económico y de juegos de poder varios. Y a pensar en la realidad  del futbolista. Que en su inmensa mayoría es explotado,  como todo trabajador, por el capital que con él se acrecienta.

 Por todos ellos, por el olor a pasto y pasión, pero también por el sudor y esfuerzo de todo futbolista, por los botijas que se preparan para ser futbolistas  pero sobre todo personas que puedan salir adelante cualquiera sea su suerte, un enorme "¡Salud!" a la memoria del  gran "Peta" Ubiña. Y  que para muchos de nosotros, el recuerdo de su templanza y firmeza nos impulse a trabajar más  que nunca para levantar junto a las inmensas mayorías la copa que más importa, la del torneo de la vida,  y sin "pedir pase": siempre vistiendo y sudando la camiseta  de los trabajadores y de los explotados de todas las actividades del acontecer humano.  









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